Donde el autor es abducido en un spa de la cruz roja
Salgo de la exposición de tipografías de la Real Academia de Bellas Artes y entro en el autobús móvil de la cruz roja aparcado en Alcalá. La iluminada cristalera panorámica deja ver unos cómodos y sinuosos sofás en donde modélicos ciudadanos parecen mantener graves reflexiones. Hay algo extrañamente cálido en aquella quirúrjica escenografía de sala de abducciones. Sin embargo, intuyo que no es buen día. Sueño, frío, desazón. ¿Por qué entro? Quizá piense que con menos sangre en el cuerpo estaré mas tranquilo.
Ya estoy dentro y relleno un papel que me interroga sobre mis viajes, enfermedades, medicamentos y sexualidades. Todas mis respuestas son muy razonables. Soy un paciente mainstream. Ni lupus ni orgías sexuales con desconocidas en el ascensor. Me temo que esta vez no podré escaparme y pasaré de ronda, a diferencica de mi último intento, en el que un viaje a Madagascar me eliminó de la criba de donantes. Mientras espero mi turno entran dos antiguas enfermeras gritando en el autobús. Vienen a ver a sus antiguos compañeros y la situación se desborda. De misterioso ovni iluminado en la noche de Madrid hemos pasado a ruidosa casa de putas a la hora del café. Amago con irme, desearía bajarme del autobús y salir corriendo, porque empiezo a sentir lo mismo que sentí esta mañana haciendo cola en el cajero, delante de una mujer que dedicó más tiempo de lo tolerable a encontrar su cartera dentro del bolso, luego su tarjeta dentro de la cartera y finalmente la posición correcta de la tarjeta dentro de la ranura. Me fui del cajero, por supuesto.
Pero ahora no podía irme del autobús de la cruz roja por miedo a que me tomaran por cobarde insolidario. Hubiese querido explicarles que no era miedo a las agujas ni a la sangre, decirles que no soy aprehensivo, que simplemente no soporto sus gritos dentro de un recinto tan pequeño. La cosa empeora: una de las chicas que sale a saludar lleva varios tubos de sangre en las manos. La escena me inquieta profundamente. ¿Y si se equivoca de tubo? ¿Y si se rompen? ¿y si la empujan? ¿y si se olvidan del hombre de la camilla y lo desangran?
La chica que me precede ha sido declarada no apta por hipotensa y llega mi turno. Mi examinador echa una ojeada a mis respuestas y hace alguna pregunta de compromiso: ¿asmático o alérgico? Intento resumirle mi relación con el asma en una sola frase, pero me trabo. Digo algo parecido a antesiperoyano, la humedad, el clima seco, Madrid me sienta bien. Me toma la tiensión y toca hipertenso. Me pincha un dedo, guarda una gotita de mi sangre y por fin me manda al salón de las camas sinuosas. Me dan a elegir y me recomiendan la hilera de la izquierda, por ser diestro. De acuerdo. Desde aquí tengo mejores vistas de la acera. Me tumbo, me dicen que abra y cierre el puño (gesto que repetiré durante los próximos 10 minutos) me pinchan de nuevo, me preguntan si estudio o trabajo, me preguntan mi nombre. Me siento obligado a interactuar e incluso a ser gracioso, así que comento con franca sonrisa que me van a sacar una pinta de cerveza. Ah, ¿una pinta es medio litro?, obtengo por respuesta. Cierro puño, abro puño. Miro por la ventana hacia los paseantes de la calle Alcalá. Miradme cabrones, soy un ciudadano ejemplar, estoy salvando vidas. Suena el móvil. Mi novia, desde un bar:
-me he tomado un chocolate caliente y ahora estoy con un gin tonic.
-yo me estoy sacando sangre
-¿¿¿¿¿
-Es que salía de la exposición de tipografías....
Me desconectan, me reincorporo. Sed y ganas de vomitar. Me vuelven a tumbar y me piden que tosa, que tosa fuerte "como un fumador" y que no cierre los ojos. Ah, paseantes cabrones. Mirad cómo me consumo. Me ponen una bolsa fría en la nuca y otra en el pecho. Vamos mejorando, me reincorporo de nuevo. Agua, coca cola.
-¿Qué has merendado?
-Nada
(caras de disgusto)
- A qué hora entraste a trabajar
- A las 9
(mentira, a las 10).
Entra otra chica y elige cama al otro lado. Desde mi sitio le veo vagamente el escote, pero es inútil. Más coca cola. Mucho mejor. Al rato estoy ya en condiciones de levantarme y pasar al final del autobús, a la última fila de butacas. Recuerdo que cuando estaba en la primera fase, rellenando el formulario en la parte delantera del autobús, veía con envidia y admiración a los donantes sentados en la última fila, con el deber ya cumplido, la sangre donada, el potro saltado.
Ya estoy aquí y como regalo uno de los enfermeros me regala un boli y un sandwich de jamón que devoro ante la mirada feliz de las enfermeras. "Claro, es que no había merendado", sentencian. A mi lado se sienta la hermana de la chica del escote vagamente imaginado, a la que siguen sacando sangre en una de las tumbonas sinuosas. El enfermero es del tipo de personas a las que les gusta hablar. A veces ocurre. Y se siente cómodo dando juego a la hermana de la donante. Tengo que salir de aquí. Termino sandwich. Termino coca cola. Meto boli en bolsillo, pongo chaqueta en cuerpo y bufanda en cuello y me levanto. Volveré, les grito a las enfermeras del fondo. Muchas gracias, le digo al enfermero. Y para reafirmar mi gratitud y certificar nuestra hermandad de sangre le doy un recio apretón de manos. Al darme la vuelta me topo con la hermana de la donante. Y sin saber por qué, también le alargo la mano, con algo más de delicadeza, por ser ella mujer no donante. Estoy profundamente confundido por mi comportamiento. Creo que ella también
-Encantado
Salgo del autobús ligeramente ebrio, congelado y superficial. La sangría me ha sentado bien, porque ahora solo pienso en sobrevivir. En sofá, comida, calor y manta. Como suponía es mi cabeza, y no mis venas, la que se ha vaciado. Camino al metro suena Arcade Fire.
martes, 15 de diciembre de 2009
Waziristán Pop
Donde el autor delira después de ver esto: El lugar más peligroso del mundo
El paraíso es Suiza. O Cabuérniga. En un documental de Chanel 4 sobre el terrorismo en Waziristán, hermoso nombre de la región fronteriza entre India y Pakistán, un soldado muestra las ruinas de una casa. En las paredes, escritas con sangre de prisioneros asesinados, proclamas a favor del martirio y pinturas pintorescas de lagos y montañas, montañas que horas después, justo mientras escribo estas líneas, me recordarán a Peña Cabarga. Lagos y montañas que representan el paraíso, explica el soldado.
Así que no quieren vírgenes. Los yihadistas matan y mueren para ver las vistas de la bahía de Santander desde Peña Cabarga.
El paraíso es Suiza. O Cabuérniga. En un documental de Chanel 4 sobre el terrorismo en Waziristán, hermoso nombre de la región fronteriza entre India y Pakistán, un soldado muestra las ruinas de una casa. En las paredes, escritas con sangre de prisioneros asesinados, proclamas a favor del martirio y pinturas pintorescas de lagos y montañas, montañas que horas después, justo mientras escribo estas líneas, me recordarán a Peña Cabarga. Lagos y montañas que representan el paraíso, explica el soldado.
Así que no quieren vírgenes. Los yihadistas matan y mueren para ver las vistas de la bahía de Santander desde Peña Cabarga.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Oda al Mac (y alrededores)

Donde le autor se pone positivista enciclopédico ilustrado y le canta a la tecnología atea como madre de todas las cosas
Al spam que revienta mi correo
y me aisla de la soledad
al hipervínculo, por excitarme
a ese laberinto de ventanas que se abren y se cierran
y se alinean en celdas como cajones en la parte superior de la Gran Ventana
a mi jefa tripolar, por empujarme a maquinar proyectos asombrosos
a los iconos del mac que saltan de alegría cuando les pincho
y su reflejo se refleja sobre una pista de hielo
a los documentos que se dejan arrastrar
a los pantallazos ctrl + comando + 4
al doble click ábrete sésamo
al caos de mi escritorio, tan fácil de barrer
arrastrando iconos a la papelera
a su vez,
tan fácil de vaciar
a la barra de herramientas de in designantes llamado quark
llena de flechas blancas, flechas negras, puntas de pluma, tes mayúsculas, varitas mágicas, sobres de cartas, rotaciones, lupas, tinteros, manoplas como las que utilizo para sacar la fuente ardiendo del horno
y que sirve para deslizarte por el documento a pellizcos
o mejor dicho, acariciando
si, acariciando
obviamente
al internet
vía firefox
a la wikipedia
escrita a veces como una excursión infantil
tan fácil de leer
tan poco pretenciosa
al comando f que te busca palabraspor ejemplo estajanovista,
que es adjetivo de cronista deportivo:
Con Kuyt de interior, el Liverpool pierde toque y gana a un estajanovista
o
pero entonces irrumpió un equipo desconocido, una novedosa versión del punto estajanovista que tiene el campeón
escribe Jose Samano
al comando Z
por rebobinar y evitar la tragedia
por supuesto
al blog
al bloguero
y al ego del bloguero
y, a modo de postdata:
a los tiempos muertos
a los entretiempos
y a los tiempos que vendrán
lunes, 30 de noviembre de 2009
El mapa de colacao
Donde el autor rompe su silencio, no con palabras (porque no se le ocurren, a veces pasa) sino con un mapa sacado de una enciclopedia escolar de los años 60. El ilustrador se llama Herbert Pothorn y el mapa lo he robado del blog 4ojos .

Y aquí, el mismo mapa revisitado por un ilustrador actual, Jose María Lema.

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Y aquí, el mismo mapa revisitado por un ilustrador actual, Jose María Lema.

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miércoles, 18 de noviembre de 2009
Elogio al comando Z
Donde el autor, de insomnio, imagina la vida como una maqueta en una pantalla de ordenador
Comando Z es la herramienta para deshacer acciones en el ordenador. Era sólo cuestión de tiempo que algún ingeniero de Apple se atreviera a implementar esta función en la vida real, que es algo que sí existe -a pesar de lo que sostienen algunos filósofos- y es lo que sucede entre que te levantas y te acuestas. No hay quórum sobre el sueño.
La idea era sencilla, los estudios de mercado, halagüeños; el formato, Ipod. La idea: rebobinar la vida con un click.
Sin embargo, las implicaciones teológicas y físicas del invento asustaron a los consejeros de Apple. "Eso sería como llenar el mundo de agujeros negros y nosotros vendemos ocio, no aceleradores de partículas del CERN", apuntó uno de los ingenieros. Otro ponente aplicó, con prosa apocalíptica, la teoría del aleteo de la mariposa a una nueva dimensión espacio tiempo infinita. Por último, el más anciano enfrentó a los oyentes a la perspectiva terrible de una vida con libre albedrío retrospectivo. Y luego añadió: "no os engañéis, no hay momentos decisivos en la vida. No hay encrucijadas".
El Ipod Comando Z fue destruido. En su lugar crearon el Ipod Copy Paste, más seguro, barato y eficaz, para que todos los días fueran iguales.
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Comando Z es la herramienta para deshacer acciones en el ordenador. Era sólo cuestión de tiempo que algún ingeniero de Apple se atreviera a implementar esta función en la vida real, que es algo que sí existe -a pesar de lo que sostienen algunos filósofos- y es lo que sucede entre que te levantas y te acuestas. No hay quórum sobre el sueño.
La idea era sencilla, los estudios de mercado, halagüeños; el formato, Ipod. La idea: rebobinar la vida con un click.
Sin embargo, las implicaciones teológicas y físicas del invento asustaron a los consejeros de Apple. "Eso sería como llenar el mundo de agujeros negros y nosotros vendemos ocio, no aceleradores de partículas del CERN", apuntó uno de los ingenieros. Otro ponente aplicó, con prosa apocalíptica, la teoría del aleteo de la mariposa a una nueva dimensión espacio tiempo infinita. Por último, el más anciano enfrentó a los oyentes a la perspectiva terrible de una vida con libre albedrío retrospectivo. Y luego añadió: "no os engañéis, no hay momentos decisivos en la vida. No hay encrucijadas".
El Ipod Comando Z fue destruido. En su lugar crearon el Ipod Copy Paste, más seguro, barato y eficaz, para que todos los días fueran iguales.
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desesperanza oceánica,
tecnología punta
martes, 10 de noviembre de 2009
Peter Pan busca piso en Berlín
Donde el autor, a propósito de tanta efeméride sobre la caída del muro, muestra su Berlín.
Si quieres leerlo, pincha aquí.
p.d: lo que se ve en la foto es la Filarmónica de Berlín que, en una ocasión, en una mañana de invierno, se me apareció nítidamente como un nido
Bonus Track:
martes, 3 de noviembre de 2009
La Casapedia
Donde el autor se hace rico implementando, que diría un consejero delegado de microsoft, una nueva aplicación en google earth
¿A quién no le gusta mirar dentro de una casa? Y no digo espiar a los vecinos follando (que también), sino ese deseo de saber qué hay detrás de las ventanas que a veces llaman tu atención cuando andas por la calle; ventanas por la que se escapa un sonido, ventanas donde alguien fuma apoyado en el alféizar, ventanas que reflejan -preferiblemente en invierno- destellos de una televisión. No voy a seguir con una enumeración de todos los tipos de ventanas morbosas, porque lo cierto es que me gustan todas y en cualquier época del año, especialmente en los días extremos de calor tórrido y en las destempladas noches de otoño, cuando pasas junto a un ventanal de una cafetería cerrada y la barra, vacía e impoluta, iluminada por las farolas de la calle, parece la mesa de disección de unos ladrones de cadáveres, piensas mientras intentas protegerte de la lluvia refugiándote a intervalos dentro de portales o debajo de carteles luminosos de tipografía tan ancha que parecen tejavanas
(con tejavana me refiero a esos cobertizos de plástico que me protegían de pequeño de la lluvia en los recreos y que, aún hoy, veo en los aparcamientos de algunas cafeterías de carretera).
Mi idea es sencilla. Cartografiar y fotografiar todas las casas del mundo y colgar luego el resultado en google earth.Como no soy ambicioso -en el fondo, me educaron en el pragmatismo- comenzaré reproduciendo solo el millón y medio de casas de Madrid, jardines, baños y terrazas aparte.
Fotos sin gente. Solo muebles, sofás, sillas, camas, paredes, ventanas, enchufes, techos, lámparas, pasillos, azulejos, puertas, pomos, repisas, alféizares, mesas camillas, mesas redondas, muebles empotrados y muebles exentos, cocinas, por supuesto, retratos, cuadros, revisteros, esculturas, filtros de agua valencianos hechos con cerámica de Onda, pianos, souvenirs, cortinas y persianas. Acaso esta enumeración de objetos domésticos sea fútil, porque los posibles elementos de una casa son infinitos, como infinita es su combinación.
El espectador solo podrá recrear la cotidianidad de la casa a través de sus objetos. Accederá desde su ordenador al interior de cualquier casa del mundo, pongamos por caso el quinto derecha de un edificio del ensanche barcelonés, donde a partir de mediados de mayo el atardecer te invita a andar descalzo y a escuchar el sonido de una radio lejana que entra desde la calle, aunque eso, las voces del supuesto transistor (bien pudiera tratarse de un extraño eco de una cañería cercana) , no podrás oírlo desde tu ordenador. Es posible, sin embargo, que desees un gin tonic.
Habrá quien lamente el nuevo invento, pues creerá -incluso lo dejará escrito en graves libros de memorias no exentos de cierta, llamémosla, honesta melancolía- que la casapedia traerá consigo el final de la intimidad, la muerte de la curiosidad, la perversión del viaje como genero literario y la desaparición del espionaje, la duda, el desconcierto y la sorpresa como una de las bellas artes.
Su llanto será en vano, pero dejará algunas párrafos evocadores de un mundo desaparecido que en verdad nunca existió. "No hay que tener miedo, si te fijas bien nada cambia con la casapedia", explicará su creador en una entrevista concedida a soitu. "Aunque puedas ver desde tu ordenador la ventana que da al patio interior de un piso de Getafe, de ninguna manera sentirás en tu boca el polvo de la calle mezclado con las hojas de los árboles recién agitados después de una tormenta de verano. Por no hablar del olor a cocido madrileño impregnado en el sujetador tendido al alcance de tu mano.
De momento, añadió.
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¿A quién no le gusta mirar dentro de una casa? Y no digo espiar a los vecinos follando (que también), sino ese deseo de saber qué hay detrás de las ventanas que a veces llaman tu atención cuando andas por la calle; ventanas por la que se escapa un sonido, ventanas donde alguien fuma apoyado en el alféizar, ventanas que reflejan -preferiblemente en invierno- destellos de una televisión. No voy a seguir con una enumeración de todos los tipos de ventanas morbosas, porque lo cierto es que me gustan todas y en cualquier época del año, especialmente en los días extremos de calor tórrido y en las destempladas noches de otoño, cuando pasas junto a un ventanal de una cafetería cerrada y la barra, vacía e impoluta, iluminada por las farolas de la calle, parece la mesa de disección de unos ladrones de cadáveres, piensas mientras intentas protegerte de la lluvia refugiándote a intervalos dentro de portales o debajo de carteles luminosos de tipografía tan ancha que parecen tejavanas(con tejavana me refiero a esos cobertizos de plástico que me protegían de pequeño de la lluvia en los recreos y que, aún hoy, veo en los aparcamientos de algunas cafeterías de carretera).
Mi idea es sencilla. Cartografiar y fotografiar todas las casas del mundo y colgar luego el resultado en google earth.Como no soy ambicioso -en el fondo, me educaron en el pragmatismo- comenzaré reproduciendo solo el millón y medio de casas de Madrid, jardines, baños y terrazas aparte.
Fotos sin gente. Solo muebles, sofás, sillas, camas, paredes, ventanas, enchufes, techos, lámparas, pasillos, azulejos, puertas, pomos, repisas, alféizares, mesas camillas, mesas redondas, muebles empotrados y muebles exentos, cocinas, por supuesto, retratos, cuadros, revisteros, esculturas, filtros de agua valencianos hechos con cerámica de Onda, pianos, souvenirs, cortinas y persianas. Acaso esta enumeración de objetos domésticos sea fútil, porque los posibles elementos de una casa son infinitos, como infinita es su combinación.
El espectador solo podrá recrear la cotidianidad de la casa a través de sus objetos. Accederá desde su ordenador al interior de cualquier casa del mundo, pongamos por caso el quinto derecha de un edificio del ensanche barcelonés, donde a partir de mediados de mayo el atardecer te invita a andar descalzo y a escuchar el sonido de una radio lejana que entra desde la calle, aunque eso, las voces del supuesto transistor (bien pudiera tratarse de un extraño eco de una cañería cercana) , no podrás oírlo desde tu ordenador. Es posible, sin embargo, que desees un gin tonic.
Habrá quien lamente el nuevo invento, pues creerá -incluso lo dejará escrito en graves libros de memorias no exentos de cierta, llamémosla, honesta melancolía- que la casapedia traerá consigo el final de la intimidad, la muerte de la curiosidad, la perversión del viaje como genero literario y la desaparición del espionaje, la duda, el desconcierto y la sorpresa como una de las bellas artes.
Su llanto será en vano, pero dejará algunas párrafos evocadores de un mundo desaparecido que en verdad nunca existió. "No hay que tener miedo, si te fijas bien nada cambia con la casapedia", explicará su creador en una entrevista concedida a soitu. "Aunque puedas ver desde tu ordenador la ventana que da al patio interior de un piso de Getafe, de ninguna manera sentirás en tu boca el polvo de la calle mezclado con las hojas de los árboles recién agitados después de una tormenta de verano. Por no hablar del olor a cocido madrileño impregnado en el sujetador tendido al alcance de tu mano.
De momento, añadió.
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