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miércoles, 10 de febrero de 2010

Boceto de fin del mundo en Marte


Donde el autor conversa bajo el sol de Madrid y termina en Marte

Un redactor con la mente puesta en un viaje a Australia mantiene la siguiente conversación con un bedel a las puertas de un edificio de oficinas. Fuman al sol. Inicia la conversación el redactor y prosigue el bedel y así sucesivamente, respetando el turno, hasta el final del cigarro.

- Que maravilla
- Para quedarse aquí todo el día, ¿que no?
- Me bajaría el ordenador a la calle
- Pues dicen que va volver a hacer frío
- ¿Cuándo?
- El fin de semana
- Pero ¿frío, frío?
- Si, si. Vamos que si llueve, nieva
- Joder que invierno
- Lo que está claro es que algo raro está ocurriendo con el clima
- Si, nieva mucho
- Si, bueno y los terremotos, inundaciones, huracanes
- ...........
- Ya sabes, la profecía maya
- Si
- Mira que si es verdad, me planteo yo las cosas de otra manera
- Ya te digo
- Eso de los mayas sale hasta en Avatar
- .......................................
- Que no tiene que ser verdad, ¿eh?
- Siempre queda la duda...
- Claro que fíjate en Marte. Seguro que ellos tampoco se creían lo del fin del mundo y fíjate.
-.............................................
- Quien se lo iba a decir a los de Marte





martes, 20 de octubre de 2009

Boceto de sobredosis de estímulos en la redacción

a veces un hombre me espía por la ventana

Donde el autor se pregunta cómo es posible concentrarse estando sometido, como está, a semejante dosis de estímulos que le entran por los ojos y los oídos a través de la red de redes

Para escribir un reportaje leo un poema de Wordsworth
y escucho Elevator Love Letter en You tube
con mis cascos almohadillados de aparca aviones de aeropuerto
y aun de fondo
procedente de otros ordenadores cercanos
escucho cosas
como una gaita insufrible
y luego Jethro Tull
que a ratos suena como una maldita jota aragonesa
minimizo una pantalla y veo fotos de una bloguera cubana
y fotos de carteles que prohíben rescatar sombreros de niñas con coletas que levantan los brazos como si fueran a echar a volar
un gmail
un hotmail
un soitu
un wordreference
donde busco el significado de algunas palabras que no entiendo del poema de Wordsworth
como jocund
y otras de significado ambiguo
como gay
en la calle no termina de llover
a pesar de la borrasca anunciada esta mañana en el telediario
una borrasca que iba “a barrer la península”
y en A3 contactaron con reporteros en paraguas estratégicamente repartidos
por toda la península
la misma península que va a ser barrida por una borrasca


I wandered lonely as a cloud
escribe Wordsworth
a quien Byron apodaba
Churchworth
-que cabrón el Byron, con sus jirafas y sus orgías y sus there are three things that I can do that you cannot-
me contó un poeta y jardinero
que hablaba muy despacio bajo la lluvia

y tirando del hilo
termino añadiendo dos líneas a la biografía de
Ralph Vaughan Williams
en la wikipedia

(sube el hombre de los paquetes buscando piercings en los pezones)

y de vez en cuando se oye un estornudo
que nos recuerda que estamos en plena temporada de gripe A
-de ahí la borrasca que nos va a borrar la península-
pero a mí no me importa
porque yo inventé la gripe A

domingo, 30 de agosto de 2009

Esbozo de la puerta del sol



Donde el autor pasea por Madrid

Un lisiado, sin piernas ni brazos, agita con la boca una cazuela con calderilla y yo me fijo en las piernas de una chica altísima de pantalones cortísimos que saca dinero en una cajero próximo, y unos pasos más adelante llego por fin a la nueva estación de la puerta del sol, una especia de ballena de cristal con una cola por donde entra gente.

La Puerta del Sol es una de las plazas más feas de Madrid y una de las más visitadas por los turistas. Pertenece a la saga de malentendidos turísticos, como Alexanderplatz, Plaza de Catalunya o Reforma. En Sol la gente es más fea, los bares más hostiles, los souvenirs más étnicos, y los mendigos están más lisiados y los turistas parecen más frágiles y obscenos que los que caminan por el Paseo del Prado.

Lleva millones de años en obra y siempre hay un camión de la cruz roja para donar sangre. Siempre que estoy triste voy a donar sangre y nunca me dejan porque siempre he estado en algún país que aparece en la lista roja de la cruz roja. Aun así, me regalan un coca cola. Hay un oso y un madroño donde los chicos de provincias quedamos por primera vez con nuestros primeros amigos hechos en Madrid, también ellos de provincias. Hay una pastelería de dos pisos, La Mallorquina, que siempre está llena y que rezuma cierta estética madrileña típica de local rancio, pero entrañable, en donde la modernidad no entrará jamás, así pasen mil años, y está bien que así sea.

De Sol sale, rumbo a Ópera, la calle Arenal, completamente peatonalizada. De Arenal dicen las chicas de Chamberí que es tan provinciana que parece el centro de Santander un domingo por la tarde.

Pero no todo está perdido: a la puerta del Sol le salva el nombre y el Tio Pepe, el sol de Andalucía embotellado que, cuando recibe la suave luz atardecer, se convierte en un icono arquitectónico de asombrosa perfección.

Post data: estrenamos foro de viajes. Pinchen aquí, malditos.

miércoles, 8 de julio de 2009

Boceto de compañera de viaje


Donde el autor explica, por puro placer descriptivo e higiene estilística, a su compañera de asiento en el tren de regreso de Santander a Madrid

Aspecto de modosita, pero no tanto. Veintipico años, mocasines morados, morena pelo largo, aunque cuando se sienta (no me saluda, no le saludo) lo lleva recogido. Luego, antes de Torrelavega, se lo suelta y el efecto es momentáneamente formidable.

Tiene frío y tal vez esté acatarrada y le duela la garganta. Se tapa con una fina rebeca y se anuda un pañuelo en el cuello que saca de una maleta que baja del portaequipajes superior, y al posar su valija en su asiento retumba tanto que me despierta de golpe. Abro los ojos y todo me parece un poco febril (tengo mucho sueño y principio de insolación, mi cara arde colorada y empiezo a sudar). Vuelvo a quedarme dormido hasta que yo mismo me despierto con un ronquido. Ella me mira un momento, acaso asustada. Murmuro un lo siento y sigo durmiendo.

Lee eternamente el suplemento dominical de El Mundo. Yo leo Comeclavos y cada dos párrafos levanto la vista y miro por la ventana: el paisaje es verde y con montañas y bruma. En la sección de belleza, Julia Roberts sonríe. En un rato, cuando anocheza, las televisiones del pasillo se reflejarán en la ventanilla.

Ya ha pasado un rato y ahora se riza el pelo enrrollándose flecos alredededor del dedo, se toca la pierna, pasa su mano por su muslo, se roza la mejilla, levanta el posabrazos y baja el posabrazos. Todo esto mientras lee a Agatha Christie en inglés. Yo acaricio mi Ipod.

Llegamos a Madrid. Domingo, 12 de la noche. Baja su pesada maleta del portaequipajes.
No nos despedimos.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Duelo interpretativo en Varsovia




Donde el autor, después de casi una semana sin actualizar su blog, se obliga a sí mismo a escribir un post urgentemente y, tras desechar varias ideas aparentemente interesantes (una reseña de Esto es nueva York, E.B White, ed. Minúscula, o un viaje a las ex repúblicas soviéticas de mano del Imperio, de Kapucinsky, y de las fotos de Jonas Bendiksen) opta por recomendar un artículo leído el domingo en El País, que puede interpretarse en clave de novela de espías, drama psicológico, duelo interpretativo o arriesgado experimento formal merecedor de un Goya. Como está ambientada en Varsovia, la ciudad más evocadora del planeta, lo incluyo, sin rubor, en esta suerte de blog de viajes.



La historia puedes leerla aquí
, pero yo te la resumo: después de la Segunda Guerra Mundial, el líder de la resistencia polaca, Kazimierz Moczarski, es encarcelado por los comunistas en la misma celda que Jürgen Stroop, el nazi encargado de la destrucción del Gueto de Varsovia.

De aquella convivencia surge el libro Conversaciones con un verdugo, escrito por el propio guerrillero, de profesión periodista. Hablan de mujeres, de cotilleos sobre jerarcas nazis (Himmler vomitaba en el avión), de la Antártida (Stroop no había oído nunca hablar de aquel lugar) y de recetas para genocidios (“Una tarde revela candorosamente en la celda el plan que urdió para eliminar a la población sobrante de Ucrania: el genocidio por vodka, habituarles a la bebida hasta exterminarlos”). El artículo se lee como una novela; la historia pide a gritos una adaptación cinematográfica. Podría ser:

- Un arriesgado experimento formal merecedor de un Goya: El espectador ve la celda por un teleobjetivo a través de los barrotes. Sin sonido. Intuimos la conversación entre el guerrillero y el nazi, pero no podermos oírles. Lo que dicen no es importante, porque el objetivo del director es mostrarnos la “realidad desnuda”. “Me interesaba la tensión dialéctica, el enfrentamiento mitológico entre dos rivales; no quiero juzgar a los personajes, he intentado abordar la historia sin prejuicios”, declara el director en una entrevista con Cayetana Guillén Cuervo, a quien esta noche se le adivinan los pezones bajo la blusa, para satisfacción del cinéfilo exhausto.

- Duelo interpretativo: Tom Cruise, tras interpretar, en Valkiria, al coronel Claus Von Stauffenberg (que organizó la conjura para matar a Hitler), repite rol libertario y da vida al joven guerrillero. Ben Kinsgley, por el contrario, cruza de acera y, cansado de su papel de judío entrañable en la Lista de Schindler, decide hacer de nazi.
La crítica lamenta el exceso de escenas de acción. El escándalo, empero, salta cuando un blogero de Philadelfia descubre que en los 35 minutos de persecución por el gueto de Varsovia se han intercalado escenas de Corrupción en Miami. Al hilo de los acontecimientos, Buenafuente escribe su monólogo mas inspirado. Sin embargo, hay partes de la película que se salvan: los flashbacks a cámara lenta y tonos saturados en los que el guerrillero recuerda las tardes de primavera en el campo en compañía de su novia, montada en un columpio, entusiasma a los admiradores de La Delgada Línea Roja, quienes, crecidos por la concesión del Nobel de literatura a Milan Kundera, logran que Ben Kingsley sea nominado al Oscar como mejor actor secundario, aunque ahora que lo pienso, tiene bastantes más minutos de metraje que Tom Cruise.

- Película de espías: Al final de la película, que descansa en unos acelerados e ingeniosos diálogos y en la barroca luz cenital que se cuela por la ventana de la celda, se descubre que el nazi no es un nazi, sino un agente de la policía secreta comunista y el guerrillero tampoco es guerrillero, sino un nazi que, para salvar la vida, se inventa una identidad falsa. La película se rueda en el Penal del Dueso, en Santoña y los exteriores del gueto de Varsovia en Santillana del Mar. El Gobierno regional subvenciona la película con 10 millones de euros. El PP pide explicaciones en el Parlamento. El Racing golea, contra todo pronóstico, 5-0 al Futbol Club Barcelona. Horas después, una galerna sacude la costa.

- La HBO compra los derechos del libro y prepara una serie de culto: Dexter es el guerrillero; Tony Soprano, el nazi. Al final el espectador se siente culpable, porque se identifica más con el nazi que con el libertador. Tal vez por esta razón, el Gobierno israelí eleva una queja formal ante Barack Obama, cuya popularidad en Europa está por los suelos, después de la sangrienta invasión de Tayikistán; la comunidad judía pide el boicot, pero Woody Allen, que pone la voz en off de la serie, escribe en la tribuna libre del New York Times una encendida y hermosa defensa del parque de atracciones de Conney Island. Esperanza Aguirre prefiere no hacer declaraciones.