viernes, 13 de febrero de 2009

No se caía el hijodeputa



Donde el autor recomienda la lectura de Operación Masacre, de Rodolfo Walsh (451 editores)

El 9 de junio de 1956 un grupo de amigos y vecinos escuchan un combate de boxeo por la radio. En pocas horas tendrá lugar un fallido golpe de Estado contra el Gobierno dictatorial de Aramburu. Alguien decide que en esa casa se reúne un célula de subersivos y ordena la detención de ese grupo unido por el azar y el boxeo. La mayoría ni siquiera se conoce entre sí.

Los detienen, los trasladan a una comisaria, primero y a un descampado a las afueras de Buenos Aires después, donde los fusilan, pero los fusilan mal. Algunos sobreviven y lo cuentan. Rodolfo Walsh, periodista y escritor de novelas policiacas, reconstruye el caso y lo publica en diferentes revistas. De estos artículos nace un libro, Operación Masacre, una recreación novelada que se lee, efectivamente, como una novela policiaca. Capítulos brevísimos y contundentes. Biografías concentradas de todos los protagonistas. Declaraciones de los fusilados, presentación de las pruebas, resumen del juicio posterior.

En los años 70, Walsh se integra en el grupo armado Montoneros y pasa a la clandestinidad.

Su hija Victoria muere en un enfrentamiento con la policía. Rodeada, dicen que dijo: “Ustedes no nos matan, nosotros elgimos morir”, y se dispara en la cabeza.

En 1976 crea ANCLA, (Agencia de Noticias Clandestina). Sus despachos, que se distribuyen mano a mano, llevan el siguiente encabezado: “Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información”.

El 24 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh escribe Carta abierta de un escritor a la Junta Militar

Al día siguiente, en el cruce de las avenidas bonaerenses San Juan y Entre Ríos, Rodolfo Walsh es asesinado a tiros por miembros de La Escuela Mecánica de la Armada. “Lo bajamos a Walsh. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta”.

Su cuerpo desaparece.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Metakatiuskas



Donde el autor da una vuelta de tuerca a la asomborsa historia del Capitán Katiuskas

Max, Lucía y Roberto sabían que querían hacer algo original, pero no sabían exactamente qué. Quisieron imitar a Walker Evans y su serie de retratos anónimos en el metro de Nueva York en la década de los 30. Llevaba Evans la cámara escondida en el abrigo, el objetivo asomando entre dos botones y un disparador en la mano. Pero no había metro en Santander.

Fundaron una tertulia literaria, la tertulia de los Hombres Modernos, pero se cansaron de escucharse y se cansaron de leer libros mal elegidos. También se cansaron de la lluvia.

Pensaron en escribir un blog y pasaron noches enteras en el ciberespacio en busca de una idea, una inspiración, o al menos un modelo que destruir. Hasta que una mañana, en la cafetería de la universidad, estallaron: "Internet es una taberna, un foro de vanidosos, una trampa, la nada, el todo, un lodazal,un espejo roto en mil pedazos, un balbuceo, una cosmovisión, un cajón desordenado..." y así siguieron hasta que Lucía les interrumpió con un golpe en la mesa y les advirtió de que esa conversación, ese cúmulo de insultos,sonaba a taberna, a foro de vanidosos, a trampa, a nada, a todo, a lodazal,a espejo roto en mil pedazos, a balbuceo, a cosmovisión, a cajón desordenado.

Lucia les contó entonces la asombrosa historia del Capitán Katiuskas,encontrada en un blog "inconsistente y olvidable" (estaban en la edad de los adjetivos) de nombre Enzyklopedien. Max y Roberto leyeron los posts impresos que Lucía les puso encima de la mesa. Al cabo de media hora cada uno de ellos propuso una teoría:

- el capitán Katiuskas estaba organizando un atentado contra Franco que consisitía en estrellar contra su yate Azor, durante la celebración de las regatas de verano, una trainera kamikaze llena de explosivos.

- El asombroso plan del capitán katiuskas sólo existía en la imaginación de un grupo de militares franquistas ansiosos por descubrir un gran complot inexistente.

- El capitán Katiuskas había creado un campamento secreto en la isla de Mouro en donde se escondían los últimos maquis, a la espera de lanzar un ataque a Santander. Desembarcarían en el Sardinero, en la Península de la Magdalena y en Puerto Chico, a bordo de barcas, traineras (de nuevo las traineras, qué obsesión) y en pequeños submarinos monovolúmenes en forma de tiburón... Para que se callarán, por interrumpirles de alguna manera, por detener el desembarco imaginario, Lucía dijo:

"Iremos a Madrid y se lo preguntaremos a Ambrosius en persona".

martes, 10 de febrero de 2009

Pause

Donde el autor rebobina y ni siquiera en la ficción es capaz de apretar el pause.

Fue una mañana intensa para los alumnos del instituto Las Llamas de Santander. El profesor de latín dijo que estaba hasta los huevos de que Julio César se retirara a los cuarteles de invierno en una de cada cuatro frases traducidas. Cerró la puerta suavemente y no volvió jamás.

La profesora de gimnasia, una anciana pequeñita con un estuche lleno de bolígrafos de colores, les alertó contra los peligros del dopaje y les ordenó tumbarse en el suelo y respirar repetidamente como si fueran hojas cayendo de un árbol.

El de física, un tuno grueso y sudoroso, se deleitó 35 minutos dibujando en el encerado la locomotora del tren de alta velocidad A que salía de Madrid en dirección a Barcelona. Por falta de tiempo, el tren que a esa misma hora partía de Barcelona se redujo a un dibujo esquemático en forma de suela de zapato. Llegó la hora de comer sin que nadie supiera a que hora exacta ocurriría el terrible accidente. Para entonces, el falso rumor sobre la caída de la torre de Pisa había prendido con fuerza por todos los pasillos.

Los alumnos de griego no dieron crédito a sus oídos cuando la profesora anunció que había matado a su pollo Polibio y que estaba delicioso. Gracias a dios, el gato Herodoto seguía vivo, gordo, inútil, feliz.

El de dibujo, a quien le faltaban tres dedos, volvió a amenazarles de manera abstracta y exigió alzados, bases y perfiles de extrañas construcciones cubistas.

A la profesora de inglés, tierna y joven de vuelta y vuelta, le bailaron, bajo el jersey de punto, sus puntiagudos pechos más de lo normal.

El de lengua les exigió una redacción sobre la primavera, que se colaba intensa por las ventanas amarillas.

El de Ética les pidió que se inventasen un país, un himno, una bandera y una constitución y los alumnos rellenaron franjas de colores horizontales y verticales con el mimo de quien rellena una vaca, un sol, un árbol, un arcoiris, una ola, un tiburón.

La de Historia del Arte proyectó diapositivas de capiteles románicos, pero la oscuridad del aula y el sueño produjeron monstruos en la imaginación de algunos alumnos, curiosamente los mismos que meses atrás creyeron ver en la venus de Milo el torso desnudo de un hoplita griego y la cúpula de Brunelleschi en el cimborrio de la catedral de Zamora.

La de literatura ventiló la generación del 27 como quien despliega las fichas del risk para conquistar el mundo, con nombres, fechas y llamadas al sacrificio.

El sustituto del profesor de música pronunció “Buenos Aires arrabalero” hasta cinco veces en media hora y eligió a una pareja al azar para bailar un tango delante de toda la clase.

La de francés preguntó amenazante si alguién sabía quien era Proust y los alumnos, atemorizados, acercaron sus sillas y sus cuerpos, por miedo y por el morbo del contacto físico.

Un alumno de letras puras cerró los ojos muy fuertes con el absoluto convencimiento de que al abrirlos, habría ocurrido por fin el milagro, y que el mundo (al menos el instituto) aparecería congelado ante sus ojos.

Pero al abrir los ojos el mundo seguía moviéndose.

sábado, 7 de febrero de 2009

Green hills and enemies



Donde el autor tararea una canción encontrada de forma fortuita y piensa que no es mala idea colgarla en el blog para que los lectores abandonen sus periódicos, sus blogs, sus libros, sus conspiraciones y, simplemente, escuchen. A pesar de haber leído la letra aquí, el autor no entiende nada, pero eso es algo que el ocurre y muy a menudo. Y no tiene por que ser malo.

viernes, 6 de febrero de 2009

Dosis concentrada de actualidad

Donde el autor abandona, ya si, la ficción, pero a modo de vengaza y advertencia, golpea a sus lectores con una dosis concentrada de actualidad. Todo empezó como una lista de las ‘palabras imprescindibles para escribir un reportaje de viajes”, pero Ambrosius tiene la sensación, típica de novelistas pedantes en el programa de Sánchez Dragó, de no controlar su blog.

Moderno, kitsch, vanguardista, ecléctico, fusión, diáfano, suerte de, decimonónico, finisecular, a horcajadas, a capón, parece ser que va a llover, parece ser que va a nevar, crisis, hipoteca, fluidez, Berlusconi, Dios, blog, bloguero, bloguerías, blogosfera, blogofrenia, blogulos rojos, bloggits y blogorcos, blogos feroces, blogosos pandas, redes sociales, redes de arrastre, redefinir conceptos, redecorar, reinventarse, reflexionar, reorientar tu negocio, malos tiempos, olas gigantes, ciclogéneses explosivas, isobaras desordenadas, hitos de arquitectura, obispos, arzobispos, exorcistas, aborto, eutanasia, liposucción, familia, faringitis, Messi, art deco, menú desgustación, oferta culinaria, estrella Michelin, Barcelona mediterránea, tierra heroíca, tierra cruel, pueblo pintoresco, banquero, banca, bancarrota.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Las franquistas suicidas



Donde el autor inicia la compleja transición de la ficción a la actualidad, y en el camino se pierde.

Los hombres conversan en los salones del Real Club de Regatas, en círculo, junto a uno de los balcones con vistas a la Plaza de Pombo. Cada vez que empieza a llover, cosa que ocurre muy a menudo (en ocasiones hasta sesentadiasseguidossinparardellover) el capitán Katiuskas se levanta del sofá rojo y se dirige hacia la ventana. Sin decir palabra, todos los contertulios se van poniendo de pie, con cadencia de fichas de dominó, y le siguen hasta el balcón. Si les vieras reunidos en un círculo perfecto, de pie, con las cabezas muy juntitas, juararías que hablan de cosas importantes. Pero te estarías equivocando. La conjura ocurre dos pisos más abajo, en el salón de la casa del Capitán Katiuskas, donde se reúnen las mujeres a jugar al bridge y a pintar atardeceres en la bahía. Hoy discuten sobre la conveniencia de incluir una trainera a contraluz, con las figuras de los remeros "como fundidos en negro". Discuten también sobre dónde acaba lo pintoresco y dónde empieza lo vulgar. Sobre el equilibrio, la gama de grises y el predominio de los colores sobre el dibujo como símbolo de modernidad. Cuando la sirvienta se retira a la cocina, la conversación da un giro y aparece el

Nembutal
el barbitúrico que dentro de unos años matará a Marylin Monroe
aunque nadie lo sabe,
ni el espía,
ni el capitán Katiuskas,
ni las mujeres pintoras.
ni Alonso Pereda vagando sólo por el barrio pesquero en busca de pelea.

Hablan de su laboratorio clandestino situado bajo las mansardas de uno de los edifcios decimonónicos del Paseo Pereda, y de la necesidad de comprobar que no haya goteras en el ático, porque el contacto del agua con el nembutal y los cristales de cianuro de sodio provocaría una explosión que reventaría todo el edificio. Mientras explica a sus amigas la esencia de complicados procesos químicos, la mujer del capitán es capaz de imaginar la explosión del edificio vista desde el muelle, la butaca del mirador saltando por los aires hasta el mar, la cubertería de la abuela clavándose en los cuellos de los paseantes. Hablar y pensar a la vez en algo distinto es un don que tiene. "Un don muy pesado", piensa mientras explica procesos químicos e imagina explosiones. Lo que hacen tres pensamientos a la vez. Demasiados. Para decir la siguiente frase, sin embargo, bloquea el resto de pensamientos. Se centra. Se monotemiza. Que alivio. “Todo esto se limita a morir cómo, cuándo y dónde queramos, sin depender de monjas trinitarias, ni hijos pusilánimes, ni maquillajes imposibles, ni sillas de ruedas. Se trata de tener la pastilla preparada, para cuando llegue el momento, que tal vez no llegue nunca o tal vez llegue muy pronto”.

Sin razón aparente, desde su despacho de la plaza porticada, el General se acordó de su profesor de griego de los Escolapios.

Y luego, en voz alta, suplicó: “por favor, Ambrosius, sácame del blog durante unos días. Estoy cansado y confuso. Necesito unas vacaciones”.

Ambrosius dudó.

lunes, 2 de febrero de 2009

El quintacolumnista que escribía cuentos de vampiros



Donde el autor introduce a un nuevo personaje y recomienda (en verdad preferiría obligar) a los lectores recién llegados a que lean los dos posts anteriores si es que quieren entender algo sobre el asombroso plan del Capitán Katiuskas. Asimismo el autor asegura que en cualquier momento volverá a reconducir su blog hacia temas más actuales, cercanos y periodísticos. Pero admite que no sabe cuándo ni cómo. No le queda sino implorar paciencia.

A pesar de su delgadez, Alonso Pereda tenía fama de hombre contundente, y a pesar de su fama de hombre contundente, a Alonso Pereda le aterrorizaban los viajes en tren, la oscuridad y las ratas. Los episodios más oscuros (o más bien confusos) de su vida sucedieron en el Madrid asediado de la Guerra Civil, años en los que fue sucesivamente o al mismo tiempo, agente doble, quintacolumnista nacional y miliciano anarquista. Fue durante estos años de bombardeos, fusilamientos y orgías en villas incautadas del Barrio de Salamanca cuando Alonso Pereda comenzó a escribir sus primeros cuentos de vampiros. Al principio, evocaciones costumbristas ambientadas en imprecisas montañas del norte;sórdidos relatos de fuerte carga erótica ambientados en Madrid, después. Le gustaba dormir en los refugios aéreos, en el metro, rodeado de cientos de personas, porque sólo de esta manera era capaz de conciliar el sueño. Cuando no sonaba la alarma aérea recorría los bares, los comités de las milicias, las casas de sus amigos o el Parque del Retiro en busca de mujeres o de hombres. Preferiblemente mujeres. A ser posible de anchas caderas. Nadie sospechaba que su voracidad sexual escondía un primario terror a dormir solo.

Confusos informes de la inteligencia franquista (interesada en hacer creer a sus superiores que habían sido capaces de mantener un estructura clandestina en la capital), así como encendidos elogios del embajador de Portugal (interesado en ocultar a los vencedores su tibia actitud durante los tres años de guerra) presentaron a Alonso Pereda, ante los jerarcas franquistas, como un hábil quintacolumnista en la ciudad sitiada. Aún así, para acallar las dudas de algunos militares escépticos, fue necesario escribir un extraño libro de propaganda sobre las cárceles y torturas del Madrid republicano, una especie de apocalipsis rojo con comisarios estalinistas durmiendo en ataúdes, burdeles en iglesias y campos de concentración bajo tierra. Un libro claustrofóbico y sin embargo, como comprobaron satisfechos en el Ministerio, irresistiblemente fácil de leer y sorprendentemente verosímil.

Alonso Pereda se labró durante los años de postguerra una reputada fama como periodista de ABC, a la vez que se extendía por Madrid, entre maridos cornudos, militares viriles, poetas falangistas y tertulianos del Café Comercial, unas irrefrenables ganas de asesinarlo, de torturarlo, de arrojarle vivo al estanque del Retiro, atado a una piedra. Eso explica que no dudara en subirse a un tren para poner rumbo a Santander con la excusa de escribir una crónica sobre la aparición, en la Playa del Sardinero, de una ballena varada de 24 metros de longitud.

Desde su despacho en la Plaza de Porticada, recién leído el informe sobre Alonso Pereda, el General intuyó que aquel oscuro periodista madrileño podría ayudarle a él y a sus espías,a descubrir, por fin, en qué coño consistía el asombroso plan del Capitán Katiuskas.

Pero eso era algo que Alonso Pereda, recién llegado a la estación de Santander, cansado, y en un avanzado estado de ansiedad, desconocía.