domingo, 28 de noviembre de 2010

Lo bueno de la lluvia

Donde el autor vuelve de un fin de semana en Santander y da el parte meteorológico


Otra vez Sesentadíasseguidossinparardellover. La épica del norte, la lluvia como superioridad moral y estética se hizo aforismo, leyenda y oración para llenarte la boca y recitar como una contraseña entre los hombres de la tribu donde nunca para de llover. Porque todos estaban orgullosos de esta mala racha, aunque todas las mañanas descubriesen irritados otro día gris de gotas de agua en la ventana de la habitación, y en la ventana del coche y en los escaparates. En cualquier momento del día, da igual donde mirases, habría gotas cayendo seguidas de sinceros lamentos de raza perseguida. Esta lluvia me hace tender a la melancolía, se escucharía incluso en boca de algunos afectados con sentido de la ironía y el drama. Y qué manera de llover, primero la ciclogénesis explosiva que derribaba paseos marítimos y volcaba barcos en la bahía en escenas de huracán caribeño. Incluso salía en el telediario nacional, como un espaldarazo definitivo que confirmaba lo que todos los habitantes de la ciudad sabían: que la raza del norte estaba curtida en catástrofes, en barcos hundidos, en terribles galernas, melancolías indescifrables, profundidades abisales, rostros curtidos, chubasqueros, katiuskas, cachis de calimotxo, ballenas varadas, sirenas, puertos, astilleros, putas, cañas de pescar, olas crispadas de espuma-borreguito en días de sur, tornados, galería de fotos de El Diario Montañés. Y qué granizadas, y por favor no me compares con las lánguidas granizadas de interior que arruinan cosechas, lechugas, tomates, no, aquí la playa cubierta de blanco junto al mar negro azul verde con sus tres cargueros y sus cinco veleros y la isla de Mouro de fondo. No, por favor, no me lo compares, esto se trata de otra cosa. ¿No te das cuenta?

Sesentadíasseguidossinparardellover, y les brillan los ojos.

viernes, 19 de noviembre de 2010

¿Aviones volando?


Donde el autor juraría que, a este ritmo de dispersión y disgresión, jamás será capaz de terminar la guía de Praga
 
David Černý intervino en la torre de televisión de Praga (pronunciese Žižkovský vysílač). No es fácil elegir el verbo que acompañe a un escultor, pero imagino que intervenir es una opción que les emociona y les hace sentirse todavía un poco más artistas. Intervino Černý en el edificio más alto de Praga, una torre retrofuturista (según afirma con acierto la guía que copio) de los años 80. Está alejada del casco histórico de la ciudad, así que es imposible comparar en una misma postal su perfil de cohete bauhasiano con las cúpulas barrocas y torres góticas de Staré Město. Una lástima.  

Černý intervino en la torre colocando un puñado de esculturas de bebés gigantes que caminan a gatas por la columna blanca. De lejos parecen moscas. Černý es un autor ingenioso, lo cual a falta de talento, es siempre un recurso inteligente. La página web de Cerny te recibe con su cabeza girando y emitiendo eructos de rana. Para avanzar y pasar al índice hay que volarle la cabeza con un disparo de ratón. Suena entonces un cósmico aleluya. Ingenioso. Pincho al azar uno de sus proyectos y me encuentro con un portaviones de la marina atracado encima de las torres gemelas de Nueva York. El fotomontaje es de 1996 y demuestra que la ficción siempre supera a la realidad. ¿Aviones volando? Que falta de imaginación.

lunes, 15 de noviembre de 2010

el peligro de las esculturas políticas





Donde el autor regresa con una pequeña historia de insospechadas lecturas. Si esto cayese en manos de Vargas Llosa estamos convencidos de que sería convenientemente transformado en una Gran Metáfora de la Pequeñez Del Artista frente a los Totalitarismos Del Siglo XX.

Otakar Švec es el autor de la escultura El Motorista, que hoy puede verse en el Palacio de Muestras de Praga, junto a un skoda descapotable de la década de los 60. Es una pieza de estética futurista, una oda a la velocidad y a la tecnología y otros inocentes códigos estéticos de las vanguardias de entreguerras.

Escribo una guía de Praga, un trabajo aseado, mecánico, aburrido, relajante, bien pagado, y necesitaba colocar (no es que me lo hayan pedido, pero quiero ser asquerosamente freelance del mes y cubrirme las espaldas y las ortografías de cualquier crítica) ese acento circunflejo en forma de boomerang sobre la S de svec.

Fui a google y copy paste. Allá ellos luego con sus maquetaciones y sus tipografías. Yo les paso el word bien maqueado, lleno de símbolos extraños y nombres de calles que parecen nombres de vampiros.

Y en cinco líneas de wikipedia descubrí que Otakar Švec, aparte de su motorista, construyó en vida otros cuatro conjuntos escultóricos: los dedicados a Tomáš Masaryk (el primer presidente de la Checoslovaquia independiente, en 1918) y al sacerdote reformista Jan Hus (quemado vivo en el siglo XV en la plaza de la ciudad vieja) fueron destruidos por los nazis. La estatua de Roosevelt, en cambio, fue derribada por los rusos.

En los años 50 se presentó al concurso para diseñar la estatua de Stalin que había de erigirse en lo alto del parque Letna, a modo de Cristo paulista sobre el río Moldava y las cúpulas de Praga. Švec pensaba que el concurso estaría amañado y confiaba en quedar en segundo lugar. Pero tuvo mala suerte y ganó. Švec utilizó como modelo para cincelar a Stalin a un electricista de los estudios de cine Barrandov.

La escultura fue inaugurada el 1 de mayo de 1955. Medía 15 metros de alto y respondía al formato de líder al frente de una columna de heroicos trabajadores. Los vecinos de Praga lo apodaron la cola de la carnicería, en honor a las penurias del racionamiento.

Švec no estuvo presente en el acto de inauguración porque se había suicidado, al igual que su mujer, tres semanas antes con un escape de gas en su casa. El electricista de Barradov murió alcoholizado tres años después, supuestamente harto de que todo el mundo le apodase Stalin.

En 1962, por orden directa de Nikita Kruschov, la escultura de Stalin fue derribada y borrada del mapa con la ayuda de 800 kilos de dinamita.

martes, 14 de septiembre de 2010

Queremos tanto a Natalie Portman



Donde el autor regresa después de un largo verano de traineras y azoteas

Acabo de derrumbarme un tópico a paladas. El fin de semana esuve en San Sebastián, alimentando los últimos coletazos del blog de traineras que he estado fabricando este verano. Lo que ocurrió es largo y ya lo conté en otro lugar, pero la imagen que se me queda grabada en la cebeza, más allá de la euforia y los gritos de los vencedores remeros de Urdaiabai o la mirada perdida de Korta después de perder la regata y acusar a los ganadores de doparse, el sublime fogonazo que llevo en el cerebro es un puñado de remeras suavísimas.

La chica de la foto es de Zumaia y sí, como comenta el Gran Danés, se parece a Natalie Portman. Tal vez incluso sea en verdad Natalie Portman, quien en plena crisis profesional ha decidido seguir los pasos de Daniel Day Lewis. En este caso, en vez de trabajar de aprendiz con un zapatero artesanal, como hizo el actor británico nacionalizado irlandés, Natalie ha optado por enrolarse en una trainera vasca, deporte que conoció hace años mientras paseaba por San Sebastián camino a la presentación de su última película en el Kursaal. Está guapa la Natalie. Ese estrobo en la muñeca como réplica étnica a sus años de Dior y Tifanys.

Sí, Natalie, a los miembros de Odio Eterno nos gustas más así. Aunque no ganes.

Besos

p.d: Si pinchas aquí se te derramarán un puñado de remeras.

Os dejo con otra chica coqueta, la patrona de Galicia, justo después de proclamarse campeona de La Concha. Atentos a esas uñas. Parece soplarse los dedos como un pistolero.

martes, 20 de julio de 2010

Viaje al norte en trainera

Donde el autor se fuga durante mes y medio a El País, donde seguirá escribiendo un blog de viajes sobre el norte de España, siguiendo la liga de traineras. Espera el autor que sus hipotéticos lectores le frecuenten durante este tiempo en su nuevo blog y, una vez terminado el verano, regresen a la rutina cotidiana y enzyklopédica, más íntima, donde todos pueden andar descalzos. Feliz verano.





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jueves, 8 de julio de 2010

Agricultural looking



Tenía que pasar. Se derrumban las certezas del viejo fútbol: si España se convierte en la bestia negra de Alemania, si el fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre ganan los españoles (y por 1-0 con gol de cabeza), si el Madrid tiene Barcelonitis y el Barcelona copas de Europa, si a Italia ya no se le ve ni por el espejo retrovisor,  es que algo serio está cambiando. Los roles mutan y los estilos se evaporan. Es como si hubiera habido un nuevo reparto de fichas y en este intercambio en el que España y Holanda, los grandes losers de la historia de los mundiales, salen ganadores, el recio periódico inglés The Independent, termina escribiendo como el frívolo blog Odio Eterno (universo paralelo y polifónico de la enzyklöpedien).  ¿De dónde sino esta metáfora tan nítidamente llorquiana?

Desde Odio Eterno queremos recoger el guante lanzado por nuestro colegas ingleses y desarrollar una alineación española de metáforas asombrosas, centrándonos en los parecidos físicos de los jugadores, más que en sus cualidades técnicas (no valdría, por ejemplo, el atrevimiento cósmico de Pedro, como escribe Blogatus en El Mundo). Se aceptan todos los idiomas y se requiere la participación de todos los hipotéticos lectores, así como de sus amantes. El ganador a la metáfora más diáfana será invitado por los miembros de Odio Eterno a una caña y a una corteza de cerdo en algún bar infame en los aledaños  de la madrileña calle del Pez.

1-Puyol, agricultural looking, The Independent
2-Villa, poligonero tímido

Quien quiera participar que pinche aquí

viernes, 25 de junio de 2010

los portugueses hablan como los rusos

Donde el autor abandona las traineras y aprovechando los desechos del reportaje que está escribiendo para la revista que le da de comer, ensaya una crónica cara B de su último viaje al Algarve portugués, centrándose en los tiempos muertos, las frases oídas al azar y de fondo, el glorioso mundial.

El comienzo del partido entre Portugal y Costa de Marfil nos sorprende en algún punto intermedio entre España y Portugal. Navegamos por el Guadiana, aunque F, el fotógrafo no termine de creerme e insista en el Guadalquivir. A un lado, Alcoutim; al otro Sanlúcar del Guadiana, donde es una hora más tarde. Estamos atrapados en mitad de un huso horario y el barco se ha quedado sin gasolina. Miro a los pueblos blancos de ambos lados por si de alguno de ellos saliera un grito de gol. Silencio. Empate a cero, sobremesa con calor. A ambas orillas se distinguen, de vez en cuando, unas hermosas casas blancas, con sus propios embarcaderos, compradas por los ingleses cuando no costaban nada, me explica el barquero Rafa, seguidor del Recreativo de Huelva, con una mezcla de envidia y admiración por la capacidad previsora de los europeos del norte.

Luego la conversación gira en torno al tema estrella de la frontera: las historias de los contrabandistas, de la nostalgia del café y el tabaco, antes de que la entrada de ambos países en la Unión Europea hiciera inútil el tráfico de mercancías. Ahora es mejor con Marruecos. Mejor mercancía y no hay peligro de que entren en la Unión Europea. Seguimos el curso del río en dirección norte y llegamos al Puerto de la Laja; desde lejos parece un fuerte abandonado, pero se trata de los restos de un puerto en donde los trenes procedentes de las minas de Tarsis descargaban los minerales (perita y cobre) a los barcos de Sevilla. Ahora no hay calado suficiente para ese tipo de barcos, se resigna Rafa. Ni grandes barcos, ni contrabandistas.

A veces es difícil comprender las historias que cuentan los guías. Por idioma y por cansancio, o porque a mi me cuesta mucho sintonizar historias ajenas y cuando quiero prestar atención ya es demasiado tarde y no comprendo nada, y me da vergüenza pedir que empiecen de nuevo desde el principio. Conduce la guía, una portuguesa frágil, rubia, de asombrosos ojos azules y misteriosamente anodina. Lo más parecido a la euforia, a esa complicidad que a veces se establece entre extraños fuera de lugar, más aun cuando comparten diez horas seguidas de viaje, se produce después de adelantar a un coche en línea continua ante la mirada melancólica de un guardia de tráfico. Por alguna razón, el descubrimiento del agente nos provocó un ataque de risa a los tres, pero luego desapareció sin dejar rastro, como si alguien hubiese cerrado la ventana. La lánguida guía portuguesa me explicó algo de una amiga bióloga a la que encargaron realizar un estudio sobre los anfibios atropellados en las carreteras del Algarve. Y ella le acompañó una noche, conduciendo despacio a orillas del Guadiana en busca de anfibios muertos, y la imagen me pareció un buen comienzo para el día en el que los hermanos Cohen se decidan a rodar una musical en Portugal. La escena, con retoques, sería igualmente útil para un fantasía esquizofrénica de David Lynch. Dos chicas contando anfibios muertos de noche por las carreteras de Portugal. La banda sonora podría ser Maria Albertina, de Antonio Variaçoes, versionado por Humanos, a quienes escuchamos en el coche mientras atravesamos pueblos que se llaman Laranjeiras y Guerreiros, leemos carteles que anuncian Academia do Intelecto y comemos pegajosos bizcochos de canela. Portugal O- Costa de Marfil.



 En las horas previas al España-Suiza paseo por Tavira, un pueblo al que una revista de viajes no dudaría en definir como la Praga del Algarve y escucho a una cubana muy delgada gritándole a su teléfono movil, junto a una iglesia blanca: no le hagas caso, cuando toma le llevan los dominios. La nueva guía, hiperexcitada y gritona, levemente rechoncha, dice que una vez acompañó a un ministro de finanzas ruso que terminó comprando todas las bragas y vajillas de Portugal. Luego me recomienda encarecidamente ir a visitar las im-pre-sio-nan-tes (pronunciado así, en mayúsculas y con largos intervalos exclamativos entre sílabas) pirámides de Egipto realizadas con arena de playa en un parque situado en las montañas. Puestos a delirar, no me extrañaría ver aparecer un golem con espinas modelado a base de brandada, a Graham Greene acodado en el mirador del hotel ...no recuerdo el nombre del hotel, yo mismo resbalando por las escaleras del castillo, un terremoto.

En la isla de Culatra, en pleno Parque Natural del Ria Formosa, está prohibido construir hoteles. Solo pueden vivir en ella quienes posean una licencia de pesca. Las casas, construidas sobre la arena, son solo de un piso. Aunque imiten la tipología de las antiguas casas de pescadores, lo cierto es que abundan las fachadas con ese alicatado barato y estridente, tan ibérico, que se extiende desde el puerto de Sagunto hasta las vivienda neorurales de los ganaderos postmodernos de Cantabria y Asturias. El pueblo isla, la república de pescadores, está lleno de bares y en todos ellos se retransmite el Brasil – Corea del Norte. Los hombre beben cerveza, las abuelas charlan alrededor de mesas de plástico en sus terrazas y los niños pescan y se bañan a la entrada del puerto. Hay viveros de almejas y ostras francesas para exportar y ostras portuguesas para los portugueses. La guía me señala pájaros en el aire. Posteriormente, por una serie de extrañas casualidades acabaremos en un banco de arena en mitad de la ría (como Maldivas, en optimista apreciación de F), haciendo fotos a un grupo de chicas con vestidos blancos y diademas hippies que se mueven en coreografía de anuncio de compresas, corriendo descalzas hacia una manada de pájaros, bebiendo champan al atardecer, girando como peonzas con las manos entrelazadas.

Las relaciones públicas del hotel ha quedado a cenar con nosotros en el bar playero de ambiguo estilo ibicenco, con la molestia añadida de que el altavoz junto a mi silla taladra música chill out en mi oído. Imposible escuchar el mar. Uno nunca sabe cómo ha llegado a una de estas cenas de compromiso que no apetecen a nadie. La relaciones públicaS se ve obligada a invitarte a cenar y tú te ves obligado a aceptar, aunque lo más civilizado hubiera sido no preguntar o responder, no gracias, estamos muy liados. Sin embargo, la cena es relativamente satisfactoria.

La relaciones públicas, admiradora de Telva y de la figura femenina liberada que proyecta Telva (sic), responde a mi protocolaria pregunta de si conoce Madrid con un emocionado recuerdo a “un lugar muy espiritual con un gruta”. Tiemblo. ¿El Valle de los caídos? Si, el valle de los caídos. Le explico algunas detalles del making of del templo. Luego dice que en una ocasión, un taxista sevillano les confundió a ella y a una amiga, con turistas rusas. Buen golpe. Risas. Pero a ella no le extraña tanto porque, añade, “es verdad que el portugués hablado rápido se parece al ruso”.

La relaciones públicas, que es alta como una modelo rusa, interrumpe la cena misteriosamente y acude al hotel. A su regreso nos explica que ha tenido que hacer frente a un motín de golfistas ingleses borrachos atrincherados en el hall. El altavoz sigue emitiendo música chill out con mensaje, de hecho ahora se escucha una voz alucinada que recita unos versos enunciativos del tipo “la vida es espiritualidad, alegría y sufrimiento”. Un camarero rebozando lorzas en una camiseta ajustadísima se interesa por el estado del bacalao. Muy salado, le decepciona F.

Paseo solitario por la marina del pueblo, lleno de restaurantes, pubs ingleses y tiendas de Cristiano Ronaldo, antes de regresar al hotel, desplomarme en la cama de las Cien Almohada Gordas y Mulliditas, encender la tele, escuchar en la TV gallega a una mujer explicando la fraternidad celta y atlántica entre Bretaña y Galicia, repasar el rebote infinito del balón jabulani entre culos y cejas rotas en el gol de Suiza a España, y emular a Baudelaire en versión oficinista de viaje de trabajo con una misteriosa anotación en mi cuaderno verde: “un oasis de aburrimiento en un desierto de rutina”. Otra anotación: un adolescente de Olhao, aprendiz de escritor, impresionado por el realismo sucísimo de Trilogía de la Habana, de Pedro Juan Guitérrez, decide abrirse un blog en el que narra sus experiencias sexuales con las turistas inglesas más tristes, obscenas y feas que caza en los karaokes de la marina de Vilamoura.

Almejas con mucho ajo en una playa de la costa Vicentina. Hace frío fuera, sopla el viento, marca México contra Francia y todo el bar lo celebra: la familia alemana de la mesa de al lado, la camarera portuguesa, los periodistas españoles. Suena Abba en el coche de regreso a Aljezur, donde nos espera una pensión de cortinas rosas, lámparas de imitación de Lladró, orinal en el armario, vistas al océano. En el bar de abajo, Don Antonio me sirve cervezas, me habla de Mourinho y me pregunta con naturalidad si se pueden comprar las recomendaciones de los hoteles en mi revista. Le miento y le digo que no.

Al día siguiente ceno con varias estrellas michelin rodeado de mi fotógrafo, el responsable de turismo, el relaciones públicas del hotel, que parece el guardaespaldas ucraniano de un mafioso ruso y que se dirige a nosotros como un broker paranóico susurrando crashes, y un holandés de 75 años sin lengua y con el labio superior hinchado, quien todavía sigue soñando con sus pipas y sus cigarros. La cena transcurre con normalidad. El responsable de turismo inicia una previsible disgresión sobre vinos. Se va calentando hasta que termina recitando una ampulosa declaración de odio a los vinos franceses. Grita, amenaza, ensaya asombrosas y escatológicas metáforas, en un tono de fingida indignación les llama estafadores, ignorantes, ladrones y celebra el nacimiento de una nueva Era de los Vinos, en donde nadie beberá vino francés y Portugal será campeón del mundo y los holandeses sin lengua podrán volver a fumar en pipa. En la pantalla, Inglaterra no pasa del empate a cero ante Argelia.


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sábado, 12 de junio de 2010

Making of - Bandera sotileza

"¡ Jesús y adentro!, cuadro de Fernando Pérez de Camino (1859-1901) , pintor cántabro costumbrista, del círculo de Pereda. ¡Jesús y adentro! era la frase-plegaria que acompasaba los remos de los pescadores santanderinos en el instante mismo de pasar “la barra”con temporal, para abocar al Puerto". Leído en artículo de Carmen Gozalo de Andrés.


Donde el autor fabrica un resumen low fi de la bandera Sotileza, cada vez más devaluada, gracias a los cambios de reglamento, cambio de fechas y ausencias de última hora de algunas de las traineras favoritas, como Astillero y Castro. Menos mal que siempre nos quedará Pedreña, la isla de Mouro y los remeros portando traineras al hombro como costaleros de Semana Santa.


Lo cierto es que, fuera de cuatro pueblos costeros, ya casi nadie sigue las traineras en Cantabria, si no es para criticar a los vascos, que lo mismo "nos roban el Ave que la bandera de la concha o te ponen una bomba", reza el zeitgeist de inferioridad local.

Lo cierto es que mis amigos me miran raro cuando les cuento que he venido desde Madrid solo para ver una regata que ellos ni siquiera sabían que se celebraba.

Lo cierto es que la organización es demasiado amateur incluso para una deporte tradicional. Atentos a ese hombre de coronilla blanca, que dirige la orquesta con un móvil y un megáfono, atentos a esa cuenta atrás coral, a esas intrucciones, pedro, pedro, dile al patrón que todos por detrás de los jueces, y otras frases que no se oyen en el vídeo como:"cruz roja, detenga a ese barco" o "Camargo, vuelve". A bordo del barco de prensa fletado por la federación de remo cántabra, cuyo presidente es el hombre del megafono y las frases contundentes, navegan un puñado de invitados y fotógrafos y el presidente del parlamento regional. A bordo del barco, una pedreñera roja como las que cruzan la bahía, apenas se habla de traineras, sino más bien de piratas somalíes, exactamente de cómo es posible que un puñado de piratas somalíes aborden un pedazo barco como ese (y señalamos un carguero flotando en el Sardinero) desde un barco pequeñito como éste (y nos señalamos a nosotros mismos).

Aun desde un barco de prensa es difícil ver una regata de traineras, pero eso es tema para otro post. El recorrido de la regata es desde Cabo Menor hasta la Grúa de piedra. Toma el nombre de la novela costumbrista de José María Pereda, Sotileza, en uno de cuyos pasajes más famosos una trainera de pescadores regresa milagrosamente a puerto huyendo de una galerna. En este pasaje, el viraje de la punta de la Cerda, en la península de la Magdalena, es el símbolo de la salvación. En la regata del mismo nombre es el punto en el que suelen producirse abordajes entre traineras, que buscan el mismo ángulo al mismo tiempo, con el consiguiente choque de remos. El espectador disfruta, los jueces de mar se vuelven locos descalificando a las traineras sin saber muy bien quién atacó a quién, los aficionados de las traineras descalificadas se indignan e insultan a los rivales y, en ocasiones, los remeros de las traineras descalificadas, más expeditivos que sus seguidores, suben a la tribuna de autoridades, hacen un calvo al respetable, roban la bandera y se fugan a su pueblo. En esas ocasiones interviene la Guardia Civil que, días después, asalta la sede de la trainera y recupera la bandera. Todo esto está documentado y ha ocurrido en los últimos años.

Sin embargo esta edición es triste. La diferencia entre Pedreña y los demás rivales es tan grande que es imposible que se produzcan abordajes en la punta de la Cerda. No hay tensión. Nadie mira cronómetros comparando tiempos entre tandas. Faltan seguidores rojos y azules en el muelle de la Bahía. El mar está demasiado tranquilo. Hay un viejo que no para de hablar y de agarrarme por el hombro y aquí fuera en el mar, pega frío. Pero no importa, estoy en una pedreñera roja siguiendo a la trainera de pedreña negra y a la derecha el sardinero, a mi espalda cabo menor, de frente la península de la Magdalena y la isla de Mouro y más adelante el Puntal, Peña Cabarga y otros universos. Pedreña celebra tímida la victoria, ondeando la bandera. Por el muelle pasean viejos con pantalones vaqueros, camisas de cuadros por dentro, portando pequeños paraguas como si fueran bastos. Una familia de turistas rubios mira a los remeros sin comprender nada. Mira sin pasión, ni indiferencia ni fastidio. Solo mira. Los remeros de Camargo se echan la trainera al hombro y caminan en silencio. Al darle la vuelta, de la trainera cae una botella de agua de Solares que rueda hacia la bahía. Suena la megafonía: "delegado de Colindres, por favor, acuda a tribuna".

p.d: con cierto ánimo pedagógico expliqué hace tiempo algunas cosas sobre el mundo de las traineras. Puedes leerlo aquí


miércoles, 2 de junio de 2010

Rimbaud, cadáver exquisito



Donde el autor crea un cadáver exquisito con las frases subrayadas a lápiz en el libro Cartas abisinias, escritas por el poeta Rimbaud entre 1880 y 1891, mientras intentaba hacer fortuna con diversas empresas comerciales a lo largo del Mar Rojo y Etiopía. Es un libro asombroso, recientemente editado por Ediciones del Viento, que reúne las cartas enviadas por el poeta a su familia y socios comerciales. Son cartas a ratos anodinas y convencionales, llenas de formulismos, plagadas de referencias a indemnizaciones y matrimonios, trámites burocráticos y disputas comerciales; cartas llenas de números que registran inversiones, cargamentos y temperaturas insoportables; cartas llenas de proyectos poco realistas y sueños de una vida burguesa en Francia. Gravemente enfermo, el poeta regresará a Francia, donde se le amputará la pierna infectda y donde morirá, a los 37 años, a las 10 de la mañana el 10 de novimebre de 1891. Lo que sigue a continuación es una deconstrucción de sus diarios utilizando solo frases textuales del libro que fui subrayando y convirtiendo luego en versos. He intentado respetar el orden cronológico, es decir, el orden de aparición de estos fragmentos a lo largo del libro, con la intención de transmitir la evolución de los negocios, cuitas, anhelos y miedos de Rimbaud.

Le ruego me envíe, lo antes posible, las siguientes obras que figuran en su catálogo
 
Tratado de metalurgia
Hidráulica urbana y agrícola
Comandante de navíos de vapor
Arquitectura naval
Polvos y pólvora
Minerealogía
Albañilería
Libro de bolsillo de carpintero


¿Existe un arma especial para cazar elefantes?
¿Su descripción?
¿Sus recomendaciones?
¿Dónde se puede encontrar?
¿Su precio?

[El cazador de elefantes que nos enviaron de Adén caracolea indefinidamente por las gragantas del Darimont

y provocaba
sospechosas sesiones geodésicas
retorciendo sextantes
a lo largo de toda la ruta]

Que desoladora existencia
arrastro bajos estos
climas absurdos
en condiciones tan insensatas

siento que me estoy volviendo
muy viejo
y muy deprisa

oficios idiotas
compañías de salvajes
o imbéciles

países horribles
negocios deplorables

[Tengo una excelente reputación
que me permitirá ganarme la vida
convenientemente]

para casarse hacen falta rentas
y esas rentas
yo no las tengo

compro cantidad de otras cosas
gomas
inciensos
plumas de avestruz
marfiles
pieles
clavo
etc

Quizás nos bombardeen proximamente

adén es el cráter
de un volcán apagado
con el fondo lleno
de arena del mar

abisinia es delicioso
no hace ni frío
ni calor
abisinia es la suiza africana
sin inviernos
y sin verano

Me llegan miles de fusiles de Europa
voy a formar una caravana
y a llevar esta mercancía
a Ménélik,
rey de Choa

[no vayan a pensar que me he convertido en tratante de esclavos
las mercancías que importamos son fusiles]

60.000 cartuchos Remington
a 60 dólares el millar
3.600 dólares

contratiempos increíbles
paciencia infinita

cansancio inimaginable
privaciones abominables

no puedo volver a Europa
tengo mucho miedo del frío

[querríamos crear una raza superior de asnos
¿dónde se invierten los fondos para una renta vitalicia?
¿cuál sería su interés?
¿podrían darme el nombre de los mejores fabricantes de telas de Sudán?]

el señor cónsul de Francia
puede informarle
de mi honorabilidad
y de mi conducta
en general

oro
nuez moscada
marfil
café
etc

y las varices
se han complicado
con un reumatismo

Mi querida mamá:
hazme un favor
cómprame tú
unas medias para las varices
para una pierna
larga
y delgada
el número de pie
es 41
creo
que no son caras
además
te las reembolsaré

desde que le enseñé mi rodilla
el doctor inglés chilló
enseguida habló
de cortar la pierna
soy un verdadero esqueleto
doy miedo

Las medias ya no sirven para nada
en algún sitio las revenderé

Le saludo de todo corazón

Señor Arthur Rimabud
Hotel del Universo,
Adén



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domingo, 30 de mayo de 2010

Instrucciones para conquistar Alcalá del Júcar



Donde el autor intercepta un extraño documento

Los lugareños viven en cuevas con vistas a un río. La fortaleza es fácil de atacar. Hay dos guardianes, ya ancianos, que se turnan en la garita de entrada. Fuman y miran documentales de naturaleza en la televisión. El mayor problema son los espejos, desperdigados por el gran salón comedor. Hay que tener cuidado con los reflejos, podrían delatarnos (adjunto imagen).

Las temperaturas son altas y las pendientes, pronunciadas, pero dentro de las cuevas se puede vivir con mucha frescura durante todo el año, aun en los meses más calurosos. Hay comida abundante, sobre todo conejos que sirven en un denso guiso de cuchara (adjunto imagen). Hay una gran cúpula vigilada por un monstruo de hierro. Hay una densa franja de árboles junto al río, donde se pueden esconder los morteros. Una vez dentro, avancen por el pasillo angosto hasta llegar a la mesa situada junto a una ventana ovalada. Aparten la frasca de vino, la botella de casera, las migas de pan y la aceitera. Después retiren el mantel de cuadros azules y blancos. No se dejen vencer por la nostalgia. Sigan las instrucciones grabadas con un punzón sobre la mesa de madera. Y apaguen la luz.

sábado, 29 de mayo de 2010

Pero tenían razón

Donde el autor recomienda un libro. No es algo que haya hecho muy a menudo en este blog, porque nunca quiso convertir la enzyklopedien en una guía de lectura. Pero en esta ocasión se pondrá un tanto dramático, ampuloso a la manera de un catedrático de historia dando una conferencia en la universidad Humboldt de Berlín, y escribirá una reseña sobre un libro. Se llama Humo Humano y lo ha escrito Nicholson Baker. Me sorprendió su demolición sistemática de la figura de Churchill y me gusta saber que es un libro que disgustaría profundamente a Aznar.

En apariencia es solo otro libro más sobre la segunda guerra mundial. Recrea, con una estructura poliédrica y narración cronológica, los antecedentes y el comienzo del conflicto. El libro termina en la nochevieja de 1941, cuando aún no se han producido las mayores catástrofes. Estados Unidos acaba de entrar en la guerra, Alemania ya ha invadido Rusia, los bombardeos civiles ya se han cobrado centenares de miles de muertos, en el frente oriental las SS ya han comenzado a ensayar con éxito un holocausto a pequeña escala y los rusos arrojan postales navideñas a los soldados alemanes con el dibujo de un cementerio y la irónica inscripción "espacio vital del este". Cuando el lector termina el libro, sabe que lo peor está aún por llegar. Por eso no hace falta narrarlo, porque lo más importante es explicar cómo hemos llegado hasta aquí.

Mediante una sucesión ininterrumpida de pequeños párrafos, el autor da voz a escritores como el rumano Mihail Sebastian, el austriaco Stefan Zweig, el inglés Christopher Isherwood, el polaco Czerniakow (el intendente del gueto de Varsovia, a cuyas órdenes trabajó el joven Reich Reiniki); muestra ejemplos de propaganda aliada, propaganda del eje, cita discursos y diarios de Roosevelt y Churchill, así como comentarios de sus más estrechos colabadores; rescata los apasionados memorandums de la élite científica mundial desarrollando ingeniosos sistemas de destrucción masiva (muchos de los cuales fueron planificados mucho antes de que empezara la guerra, mucho antes de que el conflicto fuera 'inevitable').

Uno de los hilos conductores del libro es el sistemático derribo de la figura heroíca de Churchill, a quien retrata como un estratega incompetente (campañas de Noruega, Grecia, Yugoslavia), un político excitado por la sangre, un mesías pedante emocionado con el devenir de la guerra, obsesionado (desde el primer suspiro de la guerra, y no solo al final) con bombardear indiscriminadamente ciudades alemanes (una técnica que ya había probado antes, en época de paz, fumigando armas químicas contra las "tribus incivilizadas" del Yemen). Unos bombardeos estratégicamente inútiles, no destinados a golpear la infraestructura industrial alemana, sino simplemente a "matar hunos" civiles. De la misma manera que se citan los encendidos elogios de Churchill hacia Mussolini y sus escritos contra el "judío Trotsky", el libro destapa el antisemitismo de Roosevelt, quien en 1922, ejerciendo de abogado en Nueva York, recomienda establecer un cupo máximo de judíos en Harvard.

La intensidad de la destrucción desatada sobre suelo alemán (del que hablan, con un registro completamente distinto, Sebald en Sobre la historia natural de la destrucción, y Kurt Vonnegut en Matadero 5), no es fruto de la espiral incontrolable de la guerra, sino una obsesión personal de Churchill que lejos de ayudar a finalizar el conflicto, no hace sino recrudecerlo. En ningún momento se trata de justificar el nazismo, cuyo delirio y máxima responsabilidad en el inicio de la guerra queda nítidamente retratado en el libro, sino denunciar la pulsión destructora que habitaba en los gobiernos democráticos mucho antes del comienzo del conflicto. Una pulsión bélica que guió durante años todos los movimientos estratégicos de Estados Unidos en el Pacífico, en busca del casus belli que justificase la declaración de guerra contra Japón. Mucho antes de Pearl Harbour y la bomba atómica, los informes militares de Estados Unidos se regocijaban con lo fácil que resultaría arrasar Tokyo con bombas incendiarias.

Baker rescata los argumentos de los pacifistas que en Estados Unidos y Reino Unido se opusieron a la guerra, todos esos "cobardes pusilánimes" que nos enseñaron en la escuela y en las columnas probélicas que se han escrito en todos los medios de comunicación de izquierda y de derechas para justificar todas las agresiones, desde Serbia a Afganistán e Irak.

¿Qué más puedo decir? que he dejado el libro lleno de subrayados, equis y vértices doblados (si ya superé mi trastorno obsesivo compulsivo que me obligaba a estirar los flecos de las alfombras de mi casa). Que espero publicar algunos de los libros que aparecen en la voluminosa bibliografía final. Que es un libro que se puede leer andando y en la sala de espera del hospital.

p.d: Leído en Letras Libres: "Reich-Ranicki y su esposa Tosia se libraron del exterminio gracias a Bolek, un tipógrafo borracho y golpeador de mujeres, según leemos en Mi vida. Ese hombre ocultó a la aterrada pareja judía y, tras deshojar la margarita entre denunciarlos o no hacerlo, tomó una decisión. Cierto día —no hacía todavía mucho que estábamos en su casa—, nos miró muy ufano, hablando despacio y no sin cierta solemnidad: Adolf Hitler, el hombre más poderoso de Europa, ha decidido: "Estas dos personas deben morir." Y yo, un pequeño cajista de Varsovia, he resuelto que han de vivir. Veremos quién gana"

p.d2: Dedicatoria final de Humo humano: "Dedico este libro a la memoria de Clarence Pickett y otros pacifistas estadounidenses y británicos. Jamás han recibido realmente el reconocimiento que se merecen. Intentaron salvar refugiados judíos, alimentar a Europa, reconciliar a Estados Unidos y Japón e impedir que estallara la guerra. Fracasaron, pero tenían razón".

martes, 25 de mayo de 2010

Holy smoke

Holy smoke

Donde el autor se defiende 

para lamarde, la ex fumadora más elegante de la web, supongo.

Yo no fui, lo prometo, quien le puso el cigarro entre los dedos. Yo caminaba por la catedral de Lille después de que A.encendiese una vela (A. siempre enciende velas en las iglesias; creo que es el único rito de la liturgia católica que comprendo y que me emociona). Acordarse de los muertos. Ni siquiera me di cuenta de que era San Pedro. Las llaves, me explicaron luego, las llaves. Conocí en Italia a un comunista aragonés que se quedó pálido ante mi ignorancia religiosa; pero, pero, tartamudeó, eso es incultura). No digo que no. De hecho, he consultado la Wikipedia antes de escribir este pie de foto. Lo explica bastante bien, sobre todo lo de las llaves del Reino de los Cielos. Con fuentes, citando a Mateo. Bueno, exagero, solo leí el primer párrafo y luego bajé corriendo por iconografía, etimología y demás. Deformación profesional. O generacional. Leo la entrada de San Pedro en la wikipedia como si buscase el precio de un hotel o el teléfono de una compañía aérea. Rápido y sin fijarme en los detalles. Fin del pie de foto.


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domingo, 23 de mayo de 2010

¿hay un estadio de fútbol por aquí?



Donde el autor pasea por los aledaños del estadio Santiago Bernabéu antes de la final de Champions entre Inter y Bayern. Camina solo, con cámara y libreta, y durante un rato juega a ser periodista. El objetivo era escribir una crónica para el blog de fútbol Odio Eterno, una de las galaxias paralelas del autor, a la cual podrás acceder pinchando aquí.




Un viejo exquisitamente vestido toca la armónica rodeado de un grupo de policías nacionales. Suena el himno de España. Los alemanes se acercan y sonríen ante la estampa, dudo que reconozcan la melodía. Finaliza la canción. Aplausos. El anciano procede a interpretar el siguiente tema: el Cara al Sol, de Falange. Los policía ríen. "Ahí la has dao, ahí las dao", afirma uno de ellos. Termino de disparar, saludo al anciano y me voy.

p.d: Viendo la foto en mi ordenador, me doy cuenta de lo insólito de la situación. ¿Cómo es posible que bajo un sol madrileño a 30 grados, el anciano luzca impoluto con chaqueta, traje y corbata, sin una sola gota de sudor? Lo mismo le ocurría, cuenta la leyenda, al dictador Trujillo. La resistencia del fascismo al calor, apuntes para una tesis de historia.





Sentadas sobre la barra de un andamio llaman la atención dos figuras femeninas. No tanto por ser mujeres, sino por su tranquilidad. No beben, no fuman, no gritan, solo miran a la gente a su alrededor. Imagino que son madre e hija. Primero las fotografío de espaldas y luego de frente. Mientras afino la cámara, la hija se da cuenta de que le estoy fotografiando. Se señala con el dedo y pregunta ¿es a mi?. Si, sí, es a ti, respondo. Ella posa, yo disparo. Educadamente le doy las gracias en inglés. Debería haberle dicho algo en alemán, me arrepiento luego.





Después de un rato caigo en la cuenta de que son croatas. La mitad de la camisa luce el estampado ajedrezado de la bandera croata; la otra mitad, el escudo del Bayern. Intento hacer una foto del grupo entero, que posa con una pancarta ante la cámara de algún amigo, hasta que me fijo en ese rostro que no se si es de santo o de criminal de guerra. De inocencia o de maldad. No es un gesto robado; quiero decir, esa expresión no es resultado de una captura al azar, sino que durante todo el tiempo que le estuve observando, el grueso croata de sonrisa anestesiada no cambió ni un instante de expresión.

p.d: un chico con la camiseta del Bayern me pide fuego. Por practicar idiomas, le pregunto: Kommst du aus München? No me comprende. Repito la pregunta, bastante contrariado. Pruebo en inglés. Por fin, parece comprender y, desafiando toda lógica, me responde con un dadaista: "No, but my mother is from Czech Republic". Luego se golpea el pecho en señal de amistad y dice algo elogioso sobre Madrid. Huyo.





El hombre de la izquierda se debate entre la ligereza chic de su delgada bufanda y el espesor de la mancha de sudor en el sobaco. Se acaricia continuamente el pelo. Espera algo, espera a alguien. Así que puedo rodearle y probar una y otra vez en busca de la Postal Arquetipo del Pijo Milanés.

¿Dónde están los italianos?, le pregunto un tanto desconsolado a un policía nacional. "En la zona norte", me responde, "por este lado solo entran los del Bayern". Por estrechar lazos con mis fuentes, sigo avanzando por caminos trillados de ascensor: "¿Y qué, mucha reventa?". Para que no piense que soy obvio, ensayo gesto sagaz y añado en tono confidencial ¿qué, tenéis agentes de incógnito para pillar a los vendedores?

Al rato le toca preguntar a él: ¿Eres periodista, vas a escribir para algún medio".  "Si, soy periodista, pero esto es para mi", contesto. Me mira con afecto, como se mira a los niños que dicen que quieren ser astronautas de mayores. Tal vez perdí una buena oportunidad para hacer publicidad del blog, e incluso de ganar un lector, pero identificarme delante de un policía como miembro de algo llamado Odio eterno no me pareció muy sensato.

Nada más salir del metro Bernabéu hay una gran puerta hinchable de Master Card, que los interistas llaman la Porta di Master Card, y dicho así, con ese acento, suena a ruinas romanas. Escucho reventas ofreciendo a gritos billeto de la finale. Oigo también a vendedores argentinos, veo a un grupo mixto de pongamos, rumanos?, españoles? e italianos?, farfullando con mucho dramatismo por el precio de dos entradas. La versión pasiva y civilizada la protagoniza un alemán que sostiene un cartel bilingüe, en alemán y en inglés, con la leyenda: necesito entrada. Poco antes he visto a un aficionado dando saltos de rabia en mitad de la calle, gritándole a un policía. Al mismo policía que luego me explicará la historia. Con matices, sutilezas y un deje compasivo. "Realmente no estaba haciendo reventa el pobre, sino que se ve que a última hora falló un amigo y él quiso vender esa entrada, pero no por sacar dinero. Y al final le han pillado y se queda sin la entrada que iba a vender y sin su propia entrada. Una pena". Hubiese jurado que un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado estaba cayendo en el relativismo moral.

Un chico con la camiseta del Barça se cruza con un grupo de interistas que empiezan a corear en exquisito catalán :"Remuntada", "remuntada". Estoy a punto de unirme al coro, pero como estoy de servicio, no puedo tomar partido. El culé sonríe irritado y acelera el paso.

Camino, Castellana abajo, hacia el metro de Nuevos Ministerios. Trabajo terminado. De repente un alemán para al señor que camina delante mio y sin atisbo de ironía, pregunta:

¿Perdón, hay un estadio de fútbol por aquí?


Más fotos en la Enzyklofotopedia.

martes, 27 de abril de 2010

Estadísticas para el congreso de hostelería

Donde el autor intenta hacer periodismo de viajes con estadísticas y desglose por países y le sale una elucubración, para qué engañarnos, entre bolañiana y quimonzesca.

Me llega un correo de una web de reserva de hoteles. De vez en cuando, para atraer la atención de los medios y darse publicidad, elaboran estudios del tipo "qué clase de objetos se olvidan los clientes en un hotel",  confiando en ser rebotados en las noticias de la Sexta y en blogs como este. Asocio la aparición de estos informes a la primavera, época de cierto revuelo hormonal y risa fácil –decía una amiga hoy comiendo bajo el sol en Olavide que Madrid en primavera parece una de esas comedias noventeras de Coque Malla–.

En cualquier caso, el último estudio elaborado por la agencia hotelera se titula: "EL 40% DE LOS ESPAÑOLES ESTARÍA DISPUESTO A MENTIR PARA OBTENER BENEFICIOS EN LOS HOTELES". En medio de una marea de spam real y spam metafórico, el asunto en mayúsculas invitaba a pinchar. Y esto fue lo que hallé:

- El 8% de los españoles ha rellenado las botellas del minibar con agua para no pagarlas 
- Un 10% ha logrado una habitación mejor o una botella de champagne al inventarse que estaba de luna de miel
- El 50% de los italianos que da nombre falso lo hace para parecerse a las celebrities
- El 40% de los noruegos que se registra bajo otro nombre utiliza “Olsen” o “Hansen”El 20% de los alemanes que se registra con nombre falso utiliza el apellido “Müller”

He leído el informe en voz alta. Y luego he pensado en cómo sería mi informe si alguien alguna vez me encargara un informe.

- El 10 por ciento de los alemanes que viajaron a Lloret de Mar fuera de temporada se asomaron a la ventana, vieron a una persona fumando tras los cristales de una cafetería vacía y sintieron miedo.

- El 2,5 por ciento de las mujeres que se alojaron en el hotel Silken Río de Santander con vistas a la playa del Sardinero desearon que uno de los chicos que jugaban a las palas junto al muro de piedra dejasen la pala en la arena, se despidiera de sus amigos, subiese las escaleras, cruzase la calle, entrara en el hotel, llamara al ascensor, empujase la puerta de su habitación en la segunda planta y, sin mediar palabra, la follase repetidamente encima de la cama sin quitarse ella el albornoz.

- El 30 por ciento de los periodistas alojados en un hotel de cinco estrellas miraron alrededor de su suite y se dijeron bueno y ahora qué, y no hallaron repuesta.

- El 15 por ciento de los viajeros veinteañeros que llegaron de madrugada a ese hostal del Raval de Barcelona con aspecto de corrala madrileña se sintieron súbitamente novelescos.

- El 33 por ciento de las parejas alojadas en una de las habitaciones con forma de celda de monasterio en la Posada San José del casco viejo de Cuenca, junto a la catedral, estuvieron seguros de haber sentido un fantasma.

- El 1 por ciento de los fotógrafos que dormían en una haima en el desierto del Sahara confundieron el deslizarse de un gato bajo la cama con el ataque una rata gigante portadora de peste negra. De este uno por ciento, un cien por ciento gritaron en mitad de la noche despertando al redactor que dormía a su lado.

- El 5 por ciento de los estetas que durmieron en un piso de realismo socialista en Praga utilizaron el sonido de un secador de pelo a modo de nana.

lunes, 26 de abril de 2010

Pequeño informe para insomnes peninsulares

                                 Foto de Alejandro Monge Acevedo descubierto por Ramón Peco en Soitu

Donde el autor cede la palabra a Luigi, su corresponsal dedeista en México DF. Sostiene el autor que este blog debe caer a la banda, ensanchar el campo y dar cabida a las jóvenes promesas del universo enzyklopédico. Pura coherencia, pues la enzyklopedien nació con vocación poliédrica, polimórfica, politoxicómana y, sobre todo, con una asombroso sentido de la geometería y, como diría Gil de Biedma, con una imposible tendencia al mito. He aquí, casi íntegra, la postal.

por luigi, joven promesa del tenis valenciano

Así que Canetti tenía planeado acabar con la muerte. Para todos los seres humanos. Já. También dijo: "Es demasiado fácil morir". Tenía razón.

El último gran terremoto de México fue en 1985, hace 25 años. Fue el más mortífero sufrido por el país. En Ciudad de México, numerosas estructuras se derrumbaron y dieron lugar a zumo humano en gran cantidad. Zumo humano.

Hay algo bello en las ciudades iluminadas. Quizás sea el temblor de las luces, que nos recuerda a otras sustancias que también tiemblan: el sudor, el semen, la sangre, las lágrimas.

Escribo esto a las 15.14 en México DF -22.17 en España-, mientras bebo con parsimonia una cerveza Indio, quizás mi favorita entre las que he probado en este bello país en mis tres primeras semanas. Dentro de un rato me marcho a un concierto, un minifestival indie donde lo más granado de la modernidad defeña -todos los modernos son iguales en todas partes, del mismo modo que todos los osos pandas, las librerías o las fuentes son iguales en todas partes- moverá los pantalones ajustados a ritmo de deerhunter, the big pink y algunas bandas mexicanas (escuchad Los Amparito, son buenos).

Ya tenemos casa y, aún más importante, internet. La casa se sitúa en un barrio encantador y decadente -aunque seguro; eso nos han dicho- llamado Cuautéhmoc, bastante céntrico, cuyas calles todas llevan nombres de ríos. Es muy agradable pasear por el  Danubio, el Po, el Niágara o incluso el Ebro: los paseos se transforman así, a poco que eleves ligeramente los pies, en fantásticos recorridos en barca. Nosotros vivimos en Río Tíber, lo que nos acerca a Roma, aunque el crucigrama de ríos es amplio e incluye representantes de todos los continentes. Puedes ser atropellado en el caudaloso río Hudson o besar a una rubia de pechos perfectos a la orilla del Volga. ¡Y todo a diez minutos de casa! ¿No es genial?

Estas tres primeras semanas las he dedicado, básicamente, a hacer el amor y a acondicionar la casa, dos actividades que se retroalimentan entre sí. La primera me gusta mucho, la segunda no tanto. También he paseado bastante, recogiendo las primeras muestras del material genético que hace a toda ciudad única: detalles específicos, insignificantes a veces, la mayoría ya invisible para los autóctonos, pero que al recién llegado no dejan de asaltarle como lobos luminosos durante las primeras semanas.

¿El ADN defeño? Las jacarandas y sus flores azuladas, el caos circulatorio, la presencia de innumerables Volkswagen escarabajo (aquí llamados Vochos), las vírgenes, los puestos callejeros de comida, la amabilidad un tanto exasperante, la espectacular luz de los atardeceres, las sutiles diferencias lingüísticas, la comida indefectiblemente sabrosa. Un ejemplo, la fruta. Hacía tiempo que no probaba fruta tan rotunda. Es casi como comer colores.

En cuanto a mi relación con la rubia cósmica, todo fantástico entre las jacarandas. Ella trae dinero a casa, yo preparo paellas con romero y le compro libros. Está bellísima, le sienta bien eso de ser jefa. La tibieza del clima mexicano contibuye a que sus formas se realcen y yo, que no soy más que un titiritero, me dedico a moldearlas con pasión.

Espero que estéis todos bien, los padres con sus hijos, los novios con sus novias, los solteros con las putas luminosas que pueblan la ciudad.

Me gustaría mucho recibir noticias vuestras. La casa tiene cuarto de invitados -todavía no he sido suficientemente insoportable para probar sus mieles, pero seguro que se duerme bien-, así que ya podéis ir pensando en beberos el Atlántico conmigo.

Abrazos de vuestro Luigi/Luiso/Grosset/Tolesú/Sobrinet/Bopo/Terreta desde Ciudad de México
PD: disculpad el correo común, pero se me hace imposible dedicarme, como Cristiano, a las individuales, tal es el reguero de cariños que he desperdigado por el mundo.

viernes, 23 de abril de 2010

Guarrear con mujeres fáciles

Donde el autor sueña con una antología de la censura, un proyecto sin duda multidisciplinar y ambicioso. Y lo hace con una oda a los fabulosos censores franquistas, certeros, ácidos, sucios y muy divertidos


Descargar imagen aquí


Leer completo en El País.

miércoles, 14 de abril de 2010

Los lectores de The Economist



Donde el autor evoca la época en que, en vez de blogs, escribía sesudos artículos sobre "el impacto de la apreciación del euro en las exportaciones españolas", artículos que luego entregaba a funcionarios del Instituto de Comercio Exterior. Todo por un segundo erasmus.

Era, básicamente, una clase de jóvenes ya no tan jóvenes compitiendo por una beca para vivir un segundo erasmus, esta vez bien remunerado y a ser posible en un país pobre, donde el dinero pudiera estirarse en forma de piso grande, mayordomo viejo y taxi diario. Por el contraste con sus ojos claros, piel blanca y cuerpo menudo, triunfaban por encima de todas las cosas las tetas de la chica valenciana, compañera de cigarro en el descanso de la siete junto con un navarro rubio tan atemorizado como yo, compañero de pánicos y mi mirada de reconocimiento en la clase adversa.

Pasaron diferentes cargos de distintos ministerios a hablarnos con fatalismo de las exportaciones españolas, como si fuésemos la selección de fútbol cayendo eternamente en cuartos de final contra Italia, que ellos sí que sabían exportar y tener imagen país, porque la pizza es fácil y la paella es un plato complicado y también porque todo el aceite italiano es en verdad, aceite español, pero eso no lo saben los ingleses y lo más sorprendente es que nuestra primera exportación son los productos químicos y los coches, no los tomates ni las naranjas, a que no los sabíais, eh?, pues ese es el problema, que ni los españoles creen que su país puede exportar tecnología.

Pasaron diferentes cargos de distintos ministerios, decía, pero mi preferido era un antiguo delegado de la cámara de comercio de Teherán a quien le gustaba arrastrarse con indolencia mientras explicaba la balanza por cuenta corriente. Era, de todos lo profesores, el más tranquilo. Pasaba algunas tardes infinitamente aburrido, pero sin estridencias, rascándose la espalda con la pared –decorada con frases célebres de premios nóbeles de economía– y balanceándose sobre el suelo de moqueta. Sus zapatos producían un sonido chirriante, como las maderas crujientes de un barco en el puerto, metáfora forzada en un edificio acristalado en mitad del parque de las naciones de Madrid, frente a las vías de tren, una media de treinta y tantos grados y el mar a quinientos kilómetros.

Pasaron diferentes empresarios de distintos sectores productivos. Incluido el vinícola, pero en aquella ocasión fuimos nosotros los que nos acercamos con fruición hasta unas bodegas de Valdepeñas. En el viaje de regreso a Madrid creí percibir en el rostro de la tutora la desoladora certeza de que esos cachorros borrachos no serían nunca capaces de revertir el déficit de la balanza de pagos de la economía española; con deje noventayochista miraba por la ventana los campos de La Mancha e intuía que, por muy pedantes que fueramos en clase, esa pseudo élite de mini oposición jamás leería The Economist en el baño.

Todos estábamos muy orgullosos de nuestro aceite de oliva virgen extra. Tanto que hicimos una cata en clase. Lo de la cata yo lo supe más tarde, cuando comprobé que esos vasos de plástico llenos de aceite solo servían para mojarse ligeramente los labios y no para apurarlos de un trago como un chupito de tequila. Demasiado tarde. Creo que en ese momento algún profesor empezó a eliminarme discretamente de la lista de los elegidos.

Todo trancurría en un halo de superioridad: éramos periodistas humanistas, no vulgares economistas desalmados. Éramos los elegidos. En general todo era confuso, hormonado y reconfortante, a pesar del pánico que yo sentía a ser preguntado en voz alta. Un día venía el delegado de México DF a explicarte que los aztecas eran unos asesinos que sacrificaban niños, otro día un consejero del Ministerio nos llamaba altermundistas; por la tarde un joven empresario nos proyectaba un mapa de China como una casilla de risk y suspiraba ante la imposibilidad de la conquista; a veces aparecía un profesor de inglés vestido de caricatura de profesor de inglés: ya saben, excéntrico, parlanchín, cáustico, extravagante, inventor del punk, hortera, amanerado, psicótico y, en este caso, fascinado por el nombre vasco de uno de los alumnos, a quien retenía después de clase para que le explicase, face to face, Su Punto De Vista Sobre El Conflicto Vasco.

Mi tutor de proyecto, el que inspiró mi sesudo estudio sobre el impacto de la apreciación del euro en las exportaciones españolas, tenía nombre bíblico y hacía bailar el reloj en su muñeca cada vez que iniciaba una explicación o cuando te miraba fijamente a los ojos para preguntarte en dónde te habías perdido. Me reconfortaba escucharle decir que "llegará un día en que estallará la burbuja inmobiliaria y entonces habrá millones de parados y delincuencia" porque eso significaba que habría monólogo político en vez de preguntas comprometidas.

De aquella clase salieron mis corresponsales en Hong Kong, Caracas y Shanghai. En uno de esos arrebatos de sensatez que uno no debería tener con 25 años, preferí quedarme en Madrid con un trabajo fijo antes que arriesgarme con una beca. Durante unos meses guardé The Economist en el baño de mi casa, para impresionar a las visitas, y en las sobremesas de las comidas explicaba a mis padres y a mis tíos que Antolín, un humilde mecánico de Burgos, se había convertido en uno de los mayores productores de complementos de automoción del mundo. Pero luego olvidé las curvas de demanda y el mapa de las denominaciones de origen de los quesos españoles. Pero aprendí una lección de oro: nunca confundas el aceite virgen extra de arbequina con el tequila.

Volverán las mujeres con paraguas


Donde el autor esquiva mujeres bajo la lluvia


Ahora que ha vuelto a llover vuelven las mujeres con sus paraguas a bloquear las aceras. A veces no hay forma de adelantarlas, a no ser que andes por la carretera o que te roces contra las paredes como un equilibrista rodeado de pinchos que no son pinchos, sino las cápsulas de plástico que rematan las varillas del paraguas. Aunque no haga viento, las mujeres con paraguas oscilan a derecha e izquierda como un barco a la deriva y hay pocas cosas que puedan irritar más a un oficinista que llega tarde a la oficina que intentar adelantar a una de estas oscilantes mujeres con paraguas que tan pronto te aplastan contra la pared como te clavan en los ojos las aristas de su arma o te empujan contra el espejo retrovisor del coche aparcado o contra el tronco de uno de esos árboles que malcrecen en la orilla de algunas aceras o peor aún contra un contenedor de basura. Y si esto ocurre, si tú acabas estrellado, ellas te mirarán con miedo y un gesto de reproche, como si estuvieras loco o hubieras intentado robarles el bolso.


Ahora que ha vuelto a llover vuelven las mujeres con sus paraguas a bloquear las aceras, pero yo ya he aprendido a esquivarlas con un eslalon de cintura que las deja boquiabiertas y admiradas.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Van a por nosotros, van a por nosotros

Donde el autor cede la palabra y así, haciendo trampas, hace como que escribe un nuevo post antes de finalizar marzo





lunes, 15 de marzo de 2010

It´s deep in the middle

Donde el autor deconstruye, a modo de oda, el desierto australiano. El resultado es un cóctel de atropología light, plagado de prejuicios, delirios y sucesos paranormales

Frases que voy oyendo sobre los aborígenes
They sit and do nothing
No tienen ética del trabajo ni del ahorro
No son tan ordenados (tidy) como los blancos
El gobierno se gasta mucho dinero en ellos
y cada vez mueren más pronto
los padres beben, los hijos esnifan gasolina

En el duermevela febril del coche por la tarde
con seis dioptrías por ojo
distingo claramente el perfil de un aborigen
en una nube en el cielo
y un grupo de nativos armados
en los arbustos al borde de la carretera

el desierto,
como las diapositivas de capiteles románicos
en clase de historia del arte en COU
los lunes a primera hora de la mañana,
se presta fácilmente al delirio

unos franceses y australianos se bañan en una poza en un cañón en el desierto
It´s deep in the middle
dice uno de ellos
y yo apunto la frase en mi cuaderno
y me prometo usarla
en una oda al desierto
completamente fuera de contexto

llegan nadando a una pared de piedra
y uno a uno van escalando
medio efebos medio monos
Como un cortejo
los chicos saltan cada vez desde más alto
mientras ella, bikini negro, los mira en escorzo

Finalmente hasta la chica francesa
salta al agua
de pie y tapándose la nariz con los dedos
y su grito y su risa
remiten indefectiblemente
a verano en el Sardinero

Vamos a ver un pueblo aborigen modélico.
Wallace Rock Hole
dice el guía.
pero cuando llegamos ya está cerrado para turistas
Subimos a lo alto de una colina y nos muestra orgulloso unas placas solares
con forma de antenas caza ovnis
el reflejo del sol
ya podéis imaginaros
es asombroso
El fotógrafo, a falta de aborígenes sonriendo
fotografía teléfonos intergalácticos

Vamos a ver otro pueblo aborigen, reacciona el guía
Se llama Hermannsburg,
y lo fundaron pastores luteranos alemanes
En los porches de las casas, coches desvencijados y niños desnudos
en la iglesia fotos de aborígenes en blanco y negro
y cuadros chillones de Jesucristo en Palestina
y música de fondo de un coro de mujeres
En el museo, una pequeña cafetería
La especialidad de la casa
apfelstrüdel

en la habitación de al lado
un grupo de turistas alemanes
con máscaras anti moscas y pantalones cortos
ríen animadamente mientras ven, de fondo,
de pasada
con desgana
a un viejo aborigen
comiendo carne con la mano
en un documental de los años 70
(aproximadamente)

Afuera, una plantación de palmeras
plantadas por un camellero afgano en el siglo XIX
¿qué le dice un camellero afgano a un aborigen australiano?
o un cuento de Borges
o se cierra el telón.

Llegaron a través del estrecho de Timor
al menos hace 40.000 años
Eran cazadores recolectores
eran nómadas
no tenían agricultura
ni ganadería
cazaban mediante la técnica de fuego
aún a veces lo hacen
y provocan terribles incendios,
comenta el guía disgustado

Hace millones de años
un cometa impactó en Goosse Pluff
y el guía compara las colinas concéntricas
con las ondas que forma una piedra en el agua.

Según la explicación de los aborígenes
este lugar fue creado por el impacto de un bebé
caído del cielo
por un descuido de las siete hermanas danzantes
las pléyades
Es decir,
misma explicación científica y mitológica
para un mismo acontecimiento geológico.

El guía está exultante,
orgulloso de los aborígenes
ahora mismo estaría dispuesto a olvidar
sus incendios
sus alcoholismos
su pereza
su gastos del erario público.

Por la noche, cenando
cocodrilo, kanguro y salchichas de emu
el fotógrafo rompe su silencio
apoya el tenedor en el plato
apura su copa de vino blanco
y mirando fijamente al guía
pronuncia una frase enigmática

In Spain babysi(s)ter is kangaroo



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jueves, 11 de marzo de 2010

Irlanda es una cajetilla de cigarros


Donde el autor prosigue su periplo australiano centrándose en esta ocasión en una ciudad infame, de nombre Alice Springs, sita en el corazón del desierto, en donde conviven blancos supuestamente felices y libres, aborígenes alcoholizados que se apartan las moscas con los brazos (y muy lentamente) en vez de con las manos (y a sacudidas). Un lugar en el que, si te despistas, puedes acabar bebiendo por las noches junto a un fontanero irlandés.



El primer aborigen que ves en Australia, en una tienda de souvenirs de Melbourne, es un niño sonriendo en una postal color sepia. El segundo es un zombie alcoholizado sentado en Alice Springs, mutilado, que se aparta las moscas lentamente con el brazo y vende en silencio cuadros de motivos geométricos e inocentes acuarelas del desierto. A su lado, un grupo de chinos pasean un dragón de colores. Millones de moscas. Por inercia, te compras un sombrero de alas grandes que mantenga toda tu cara en sombra.

Esos motivos geométricos los has visto una horas antes, acompañados de búmerangs flotantes, en los vestidos de las azafatas de Qantas. Vestidos plomizos envolviendo mujeres sólidas.

Intuyes que los aborígenes pueden ser un buen tema de conversación para los próximos días de carretera, aunque luego comprobarás que el guía prefiere hablar de animales, a ser posible pájaros, y plantas. Los eucaliptos son muy resistentes. Los pájaros, de colores. Los caballos, salvajes. Los camellos (traídos en el siglo XIX desde Afganistán y Oriente Medio) muy divertidos de cazar desde el coche y con lazo. Los canguros pueden matarte por aplastamiento. También me habla de piedras. El problema es que a mi me falta perspectiva geológica. Las cifras de millones de años no me impresionan. Es más, me suenan a cifra aleatoria, a gran estafa, a conjura científica. En ese sentido, soy más jesuita; me muevo mejor en cifras bíblicas, todo el universo concentrado en unos pocos miles de años.

En 1872, no me pregunten cómo, era posible mandar un telegrama desde Sidney hasta Londres. Para eso hubo que colonizar el desierto mediante estaciones de telégrafos que recorrían la isla desde el sur hasta Darwin, en la costa norte. Un cable submarino atravesaba luego el Mar de Timor hasta Java, y desde ahí a través de Asia y Europa, all the way until London. Los mensajes tardaban siete días en llegar.

Por eso existe Alice Springs, en donde se instaló el puesto de telégrafo más importante del centro del país. Un museo lo recuerda. Otro museo recuerda la fundación del servicio aéreo médico Royal Flying Doctor Service, que extendió la cobertura médica a las zonas más remotas del país a través de pilotos conectados por radio con los médicos de la lejana Darwin. La lista de museos es larga, nuestra impaciencia creciente. Hay también un parque que recrea el desierto en mitad del desierto. Con tanto éxito que nos encerramos en la cafetería con aire acondicionado bebiendo a chupitos una botella de agua de litro y medio. Frustración de domingo por la tarde. Nos sentimos abandonados y ridículos. Vagamente desgraciados. Y todavía quedan las galerías de arte aborigen. Llegó el momento de las grandes frases, del golpe en la mesa. Suelto la bomba, mirando fijamente a los ojos del guía, vocalizando lentamente, como dando a entender que mi frase no es una boutade, sino una reflexión fruto de años de estudio: “You know, I think aboriginal art is overstimated”.

El guía, un profesional, no parece impresionado.
Visitamos la galería de arte de aborigen.
Me acuerdo de las azafatas de Qantas

Una larga historia la conquista/descubrimiento del desierto australiano. Los anglosajones han preferido siempre mostrar al mundo el lado más épico de sus viajes, desde la derrota de Scott en la Antártida, hasta la milagrosa supervivencia de Shackleton tras quedar varado en el hielo. Yo prefiero la expedición de Robert O ́Hara Burke y William John Willis: en 1860 partieron de Melbourne aclamados por prensa y público con el objetivo de atravesar el país ahí por donde más duele, el ignoto desierto, y en verano. La comitiva partió con 700 kilos de azúcar y una completa colección de mobiliario estilo chippendale, en donde no podía faltar “un gong chino, un escritorio, una pesada mesa de madera con taburetes a juego y un equipo de cepillos para caballos” (En las Antípodas, Bill Bryson). Con tanto equipaje, apenas había hueco para agua y víveres. La excursión acabó como acaban estas cosas.

El taxista que nos llevó del aeropuerto al hotel era originario de Sidney y llevaba 30 años viviendo en Alice Springs, pero su forma de hablar me hizo pensar que era el superviviente de la expedición de los 700 kilos de azúcar. O uno de los primeros colonizadores de Australia (presos trasladados a la fuerza desde Inglaterra), a quien un compañero había vendido un falso mapa para llegar andando a China. “Primero se fueron mis hijos, luego mi mujer y ahora estoy libre. Me encanta esto. Buen tiempo y sin los agobios de Sidney. Siempre me ha gustado todo lo.... todo lo espiritual. Aquí tenemos de todo”, dice señalando a un Kentucky Fried Chicken, patrocinador, por cierto, de la selección australiana de críquet.

Por la noche, un fontanero irlandés se sienta a mi lado. Bebe whisky y cerveza. La conversación gira en torno a tres ideas centrales:

1- Irlanda está hecha una puta mierda y antes que quedarse en casa y volverse loco, ha preferido buscar trabajo en Australia para luego volver a Irlanda y comprarse una casa grande. Muy grande.

2- Australia es una mierda, los australianos son ignorantes, lentos y vagos y se ríen de su acento. Un fontanero irlandés equivale a diez fontaneros australianos.

3- Las mujeres españolas son hermosas y el futbolista Henry un caballero por reconocer que la tocó con la mano.

El fontanero irlandés, a diferencia de los taxistas australianos, sí siente nostalgia por su casa.
El fontanero irlandés me explica el mapa de Irlanda sobre una cajetilla de cigarros con la foto de un bebé incubado. Su pueblo está en la parte de abajo de la cajetilla, a la izquierda, “y creéme, coges cualquier rincón de Australia y lo hay mucho más bonito en Irlanda”.

sábado, 27 de febrero de 2010

Oda a la oficinista croata en el tranvia de Melbourne



Donde el autor, en visperas de abandonar Australia relata, sin acentos (no los encontre en este teclado), uno de los episodios mas insignificantes acontecidos durante un viaje que merecera mas esbozos, odas y severas reflexiones en las proximas semanas. Solo adelantar la posibilidad de que Australia, como tal, no exista.

Rechoncha sin gordura, vestido gris de oficinista sin aspiraciones y blusa color carne como las bragas de una abuela. Sentada a mi derecha, junto a la ventana, en el tranvia que va desde la playa de St Kilda al centro de la ciudad de Melbourne. Lee un periodico en croata con noticias locales de Melbourne. No hay que saber croata para darse cuentas de estas cosas. Espio, primero de refilon y despues de lleno, aprovechando que miro con gesto preocupado por la ventana como si intentara averiguar donde diablos estoy. No hay que ser un detective para saber que soy un turista, o algo parecido, asi que no llamare la atencion. El periodico combina noticias en croata con noticias en ingles. Ahora lee una entrevista a la embajadora australiana en Zagreb. Tiene (la oficinista, no la embajadora) labios jugosos y manos robustas de campesina pasiega (no es una metafora, creci con una campesina pasiega en la esquina de mi casa; su padre, tambien pasiego y campesino, perseguia con una hazada a mi perra que se cagaba en sus pastos y yo lloraba). Noticias de tenis, noticias de equipos de futbol croatas en ligas melbournianas. Me fijo y creo que es mas guapa en persona que en su reflejo en la mampara, que la arechoncha con injustucia. Le llaman por telefono y responde en ingles. Por el tono de voz podria ser su madre preguntandole por su dia de trabajo o su novio-esposo preguntandole si le falta mucho para llegar a casa. En cualquier caso, responde que no sabe. Lo que tampoco sabe ni podria llegar nunca a imaginarse es que el chico sentado a su lado le esta convirtiendo en la protagonista de una oda a una oficinista croata en el tranvia de Melbourne. Hace mucho frio dentro del tranvia por culpa del aire acondicionado y mientras escribo mentalmente mi oda a mi oficinista croata sentada en el tranvia de Melbourne siento como se me repite gloriosamente la cebolla de los mejillones comidos en la cafeteria que remata el muelle de madera de St.Kilda.

El reportaje que salió de este viaje podrás leerlo aquí


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miércoles, 10 de febrero de 2010

Boceto de fin del mundo en Marte


Donde el autor conversa bajo el sol de Madrid y termina en Marte

Un redactor con la mente puesta en un viaje a Australia mantiene la siguiente conversación con un bedel a las puertas de un edificio de oficinas. Fuman al sol. Inicia la conversación el redactor y prosigue el bedel y así sucesivamente, respetando el turno, hasta el final del cigarro.

- Que maravilla
- Para quedarse aquí todo el día, ¿que no?
- Me bajaría el ordenador a la calle
- Pues dicen que va volver a hacer frío
- ¿Cuándo?
- El fin de semana
- Pero ¿frío, frío?
- Si, si. Vamos que si llueve, nieva
- Joder que invierno
- Lo que está claro es que algo raro está ocurriendo con el clima
- Si, nieva mucho
- Si, bueno y los terremotos, inundaciones, huracanes
- ...........
- Ya sabes, la profecía maya
- Si
- Mira que si es verdad, me planteo yo las cosas de otra manera
- Ya te digo
- Eso de los mayas sale hasta en Avatar
- .......................................
- Que no tiene que ser verdad, ¿eh?
- Siempre queda la duda...
- Claro que fíjate en Marte. Seguro que ellos tampoco se creían lo del fin del mundo y fíjate.
-.............................................
- Quien se lo iba a decir a los de Marte





domingo, 31 de enero de 2010

Haiku + Guti

Donde el autor sostiene sin pestañear que Guti es dios


martes, 26 de enero de 2010

Visit Armenia

Monumento en memoria del genocidio armenio, en Ereván.

Donde el autor hace turismo a la manera de los Mad Men

A nadie le gusta Fitur, salvo a mi.

Me gustan las conversaciones tipo

¿dónde está Francia?,
nos vemos en Tailanda,
hay sorteo en Grecia
.

Me gusta ponerme zapatos una vez al año y camisa por dentro y jugar a comercial en pabellones de colores forrados de moqueta. Me gusta sentirme viajante de feria de convenciones. Me gusta sacudir manos, sonreir, fingir asombro y sorpresa al reencontrarme con colegas de profesión, deslizar maledicencias cínicas entre caña y canapé, sentarme y que me hagan la pelota, reir gracias, poner nervioso al guardia de seguridad del stand israelí que, apoyado en una columna de Italia (el atlas de Fitur es inescrutable) vigila a los transeúntes bomba, mientras una pareja en bañador, posiblemente de una ETT de Móstoles, juega a las palas en mitad del pasillo imitando, imagino, una estampa marítima de las playas de Tel Aviv. El plato de macarrones, todo hidratos de carbono, ya casi desfallecido, a las 4 de la tarde. El cigarro en la puerta. Me gusta el tópico de la azafata rubia del stand de Suecia, la dignidad del anciano catalán que vende viajes a Armenia. Apoyado en la barra del stand, mientras ordena panfletos en una carpeta de colegial, nos ofrece una visión certera, eficaz y sin eufemismos sobre los flujos turísticos entre España y Armenia. Sin fatalismo, pero sin rodeos, como un artículo de The Economist recitado por un vendedor de máquinas de coser Singer. Rodeado de azafatas orondas de faldas largas como cortinas y tristes posters demodés, entre inocentes y melancólicos, en los que Erevan parece una ciudad de ciencia ficción de los 70, recién atacada por ovnis fálicos.

A nadie le gusta Fitur salvo a mi.


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lunes, 18 de enero de 2010

Odio eterno al fútbol moderno

Donde el autor se va de excursión un domingo por la mañana

El domingo de fútbol en Vallecas es un recurrente sueño indie. Por su horario insólito (a las 12 de la mañana, que obliga a un madrugón heroico) y por su carácter de excursión dominical, en vez de a la sierra, a un “auténtico” barrio obrero. El indie, criado y bebido entre orines y grafittis de Malasaña siente una irresistible Simpathy for the poor, the broken and the painted. Además, lo más importante, el detalle sin el cual toda mi anterior diatriba su derrumbaría en la nada, es el hecho de que las cañas son baratas y las tapas, aparentemente, más generosas que en el centro de Madrid, territorio abonado a la patata frita, el revuelto de kikos (los señoritos del norte preferimos decir maicitos) y a las contradictorias cortezas de cerdo que solo de mirarlas dan ardor de estómago sí, pero también promesa de grasa crujiente.

Desde lo alto del estadio del Rayo Vallecano se obtienen una de las mejores vistas de Madrid. En concreto desde los vomitorios exteriores de las tribunas laterales. Entre el público hay una proporción de chándales inimaginable en otros templos como el Bernabéu. Ambiente de campo inglés, fina lluvia horizontal en la segunda parte. Entre los cánticos de los bukaneros, que así se llaman los ultras del Rayo, hay odas al porro, llamamientos a la revolución, pim, pam, pum, juramentos de fidelidad eterna, deseos de matar a un ultrasur, pero, por encima de todo, un extraña declaración de principios nunca antes oída en un campo de fútbol. Dice así, textualmente: “odio eterno al fútbol moderno”. La proclama es recogida con regocijo por unos tipos infames.

El equipo visitante era de altura: el Hércules de Alicante, lider de la segunda división. La cosa sucedió más o menos así: baile de goles, 7 de ellos en la segunda parte, remontada del Rayo (de 0-2 a 3-2), remontada del Hércules (de 3-2 a 3-4), empate agónico del Rayo (4-4) en tiempo de descuento, cantado por el speaker con un bíblico: “no era justo, no era justo, por fin se hizo justicia”. Sentimientos encontrados en la afición local que, bajando por las escaleras del estadio, se debate entre la rabia de dejarse remontar un partido milagrosamente remontado y la satisfación final de empatar milagrosamente un partido que te acaban de remontar.

Después del partido, un malagueño, un alicantino y un santanderino descienden por la avenida de la albufera, que cae hacia Madrid con una inclinación leve pero infinita. Bien sabe el viajero que un barrio desconocido es más ignoto que un desierto lejano. Por el camino, caña y cuña de pizza taradellas, caña y lacón azapatado sobre pan inane, caña y chupito de alita de pollo, caña y un mejillón, uno, a la vinagreta, caña y resumen en la tele de un Vietnam 1 Líbano 1. Desconcierto momentáneo y lectura de titulares de prensa sobre la barra.

En algún momento, la sensación en la calle es de pueblo abandonado. Los rayistas ya están en casa durmiendo la siesta. Fuera solo nosotros y los camareros que a veces barren servilletas debajo de nuestros taburetes.



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