Donde el autor vuelve de un fin de semana en Santander y da el parte meteorológico
Otra vez Sesentadíasseguidossinparardellover. La épica del norte, la lluvia como superioridad moral y estética se hizo aforismo, leyenda y oración para llenarte la boca y recitar como una contraseña entre los hombres de la tribu donde nunca para de llover. Porque todos estaban orgullosos de esta mala racha, aunque todas las mañanas descubriesen irritados otro día gris de gotas de agua en la ventana de la habitación, y en la ventana del coche y en los escaparates. En cualquier momento del día, da igual donde mirases, habría gotas cayendo seguidas de sinceros lamentos de raza perseguida. Esta lluvia me hace tender a la melancolía, se escucharía incluso en boca de algunos afectados con sentido de la ironía y el drama. Y qué manera de llover, primero la ciclogénesis explosiva que derribaba paseos marítimos y volcaba barcos en la bahía en escenas de huracán caribeño. Incluso salía en el telediario nacional, como un espaldarazo definitivo que confirmaba lo que todos los habitantes de la ciudad sabían: que la raza del norte estaba curtida en catástrofes, en barcos hundidos, en terribles galernas, melancolías indescifrables, profundidades abisales, rostros curtidos, chubasqueros, katiuskas, cachis de calimotxo, ballenas varadas, sirenas, puertos, astilleros, putas, cañas de pescar, olas crispadas de espuma-borreguito en días de sur, tornados, galería de fotos de El Diario Montañés. Y qué granizadas, y por favor no me compares con las lánguidas granizadas de interior que arruinan cosechas, lechugas, tomates, no, aquí la playa cubierta de blanco junto al mar negro azul verde con sus tres cargueros y sus cinco veleros y la isla de Mouro de fondo. No, por favor, no me lo compares, esto se trata de otra cosa. ¿No te das cuenta?
Sesentadíasseguidossinparardellover, y les brillan los ojos.
domingo, 28 de noviembre de 2010
viernes, 19 de noviembre de 2010
¿Aviones volando?
Donde el autor juraría que, a este ritmo de dispersión y disgresión, jamás será capaz de terminar la guía de Praga
David Černý intervino en la torre de televisión de Praga (pronunciese Žižkovský vysílač). No es fácil elegir el verbo que acompañe a un escultor, pero imagino que intervenir es una opción que les emociona y les hace sentirse todavía un poco más artistas. Intervino Černý en el edificio más alto de Praga, una torre retrofuturista (según afirma con acierto la guía que copio) de los años 80. Está alejada del casco histórico de la ciudad, así que es imposible comparar en una misma postal su perfil de cohete bauhasiano con las cúpulas barrocas y torres góticas de Staré Město. Una lástima.
Černý intervino en la torre colocando un puñado de esculturas de bebés gigantes que caminan a gatas por la columna blanca. De lejos parecen moscas. Černý es un autor ingenioso, lo cual a falta de talento, es siempre un recurso inteligente. La página web de Cerny te recibe con su cabeza girando y emitiendo eructos de rana. Para avanzar y pasar al índice hay que volarle la cabeza con un disparo de ratón. Suena entonces un cósmico aleluya. Ingenioso. Pincho al azar uno de sus proyectos y me encuentro con un portaviones de la marina atracado encima de las torres gemelas de Nueva York. El fotomontaje es de 1996 y demuestra que la ficción siempre supera a la realidad. ¿Aviones volando? Que falta de imaginación.
lunes, 15 de noviembre de 2010
el peligro de las esculturas políticas
Donde el autor regresa con una pequeña historia de insospechadas lecturas. Si esto cayese en manos de Vargas Llosa estamos convencidos de que sería convenientemente transformado en una Gran Metáfora de la Pequeñez Del Artista frente a los Totalitarismos Del Siglo XX.
Otakar Švec es el autor de la escultura El Motorista, que hoy puede verse en el Palacio de Muestras de Praga, junto a un skoda descapotable de la década de los 60. Es una pieza de estética futurista, una oda a la velocidad y a la tecnología y otros inocentes códigos estéticos de las vanguardias de entreguerras.
Escribo una guía de Praga, un trabajo aseado, mecánico, aburrido, relajante, bien pagado, y necesitaba colocar (no es que me lo hayan pedido, pero quiero ser asquerosamente freelance del mes y cubrirme las espaldas y las ortografías de cualquier crítica) ese acento circunflejo en forma de boomerang sobre la S de svec.
Fui a google y copy paste. Allá ellos luego con sus maquetaciones y sus tipografías. Yo les paso el word bien maqueado, lleno de símbolos extraños y nombres de calles que parecen nombres de vampiros.
Y en cinco líneas de wikipedia descubrí que Otakar Švec, aparte de su motorista, construyó en vida otros cuatro conjuntos escultóricos: los dedicados a Tomáš Masaryk (el primer presidente de la Checoslovaquia independiente, en 1918) y al sacerdote reformista Jan Hus (quemado vivo en el siglo XV en la plaza de la ciudad vieja) fueron destruidos por los nazis. La estatua de Roosevelt, en cambio, fue derribada por los rusos.
En los años 50 se presentó al concurso para diseñar la estatua de Stalin que había de erigirse en lo alto del parque Letna, a modo de Cristo paulista sobre el río Moldava y las cúpulas de Praga. Švec pensaba que el concurso estaría amañado y confiaba en quedar en segundo lugar. Pero tuvo mala suerte y ganó. Švec utilizó como modelo para cincelar a Stalin a un electricista de los estudios de cine Barrandov.
La escultura fue inaugurada el 1 de mayo de 1955. Medía 15 metros de alto y respondía al formato de líder al frente de una columna de heroicos trabajadores. Los vecinos de Praga lo apodaron la cola de la carnicería, en honor a las penurias del racionamiento.
Švec no estuvo presente en el acto de inauguración porque se había suicidado, al igual que su mujer, tres semanas antes con un escape de gas en su casa. El electricista de Barradov murió alcoholizado tres años después, supuestamente harto de que todo el mundo le apodase Stalin.
En 1962, por orden directa de Nikita Kruschov, la escultura de Stalin fue derribada y borrada del mapa con la ayuda de 800 kilos de dinamita.
martes, 14 de septiembre de 2010
Queremos tanto a Natalie Portman
Donde el autor regresa después de un largo verano de traineras y azoteas
Acabo de derrumbarme un tópico a paladas. El fin de semana esuve en San Sebastián, alimentando los últimos coletazos del blog de traineras que he estado fabricando este verano. Lo que ocurrió es largo y ya lo conté en otro lugar, pero la imagen que se me queda grabada en la cebeza, más allá de la euforia y los gritos de los vencedores remeros de Urdaiabai o la mirada perdida de Korta después de perder la regata y acusar a los ganadores de doparse, el sublime fogonazo que llevo en el cerebro es un puñado de remeras suavísimas.
La chica de la foto es de Zumaia y sí, como comenta el Gran Danés, se parece a Natalie Portman. Tal vez incluso sea en verdad Natalie Portman, quien en plena crisis profesional ha decidido seguir los pasos de Daniel Day Lewis. En este caso, en vez de trabajar de aprendiz con un zapatero artesanal, como hizo el actor británico nacionalizado irlandés, Natalie ha optado por enrolarse en una trainera vasca, deporte que conoció hace años mientras paseaba por San Sebastián camino a la presentación de su última película en el Kursaal. Está guapa la Natalie. Ese estrobo en la muñeca como réplica étnica a sus años de Dior y Tifanys.
Sí, Natalie, a los miembros de Odio Eterno nos gustas más así. Aunque no ganes.
Besos
p.d: Si pinchas aquí se te derramarán un puñado de remeras.
Os dejo con otra chica coqueta, la patrona de Galicia, justo después de proclamarse campeona de La Concha. Atentos a esas uñas. Parece soplarse los dedos como un pistolero.
martes, 20 de julio de 2010
Viaje al norte en trainera
Donde el autor se fuga durante mes y medio a El País, donde seguirá escribiendo un blog de viajes sobre el norte de España, siguiendo la liga de traineras. Espera el autor que sus hipotéticos lectores le frecuenten durante este tiempo en su nuevo blog y, una vez terminado el verano, regresen a la rutina cotidiana y enzyklopédica, más íntima, donde todos pueden andar descalzos. Feliz verano.
Imprimir
Imprimir
jueves, 8 de julio de 2010
Agricultural looking
Tenía que pasar. Se derrumban las certezas del viejo fútbol: si España se convierte en la bestia negra de Alemania, si el fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre ganan los españoles (y por 1-0 con gol de cabeza), si el Madrid tiene Barcelonitis y el Barcelona copas de Europa, si a Italia ya no se le ve ni por el espejo retrovisor, es que algo serio está cambiando. Los roles mutan y los estilos se evaporan. Es como si hubiera habido un nuevo reparto de fichas y en este intercambio en el que España y Holanda, los grandes losers de la historia de los mundiales, salen ganadores, el recio periódico inglés The Independent, termina escribiendo como el frívolo blog Odio Eterno (universo paralelo y polifónico de la enzyklöpedien). ¿De dónde sino esta metáfora tan nítidamente llorquiana?
Desde Odio Eterno queremos recoger el guante lanzado por nuestro colegas ingleses y desarrollar una alineación española de metáforas asombrosas, centrándonos en los parecidos físicos de los jugadores, más que en sus cualidades técnicas (no valdría, por ejemplo, el atrevimiento cósmico de Pedro, como escribe Blogatus en El Mundo). Se aceptan todos los idiomas y se requiere la participación de todos los hipotéticos lectores, así como de sus amantes. El ganador a la metáfora más diáfana será invitado por los miembros de Odio Eterno a una caña y a una corteza de cerdo en algún bar infame en los aledaños de la madrileña calle del Pez.
1-Puyol, agricultural looking, The Independent
2-Villa, poligonero tímido
Quien quiera participar que pinche aquí
viernes, 25 de junio de 2010
los portugueses hablan como los rusos
Donde el autor abandona las traineras y aprovechando los desechos del reportaje que está escribiendo para la revista que le da de comer, ensaya una crónica cara B de su último viaje al Algarve portugués, centrándose en los tiempos muertos, las frases oídas al azar y de fondo, el glorioso mundial.
El comienzo del partido entre Portugal y Costa de Marfil nos sorprende en algún punto intermedio entre España y Portugal. Navegamos por el Guadiana, aunque F, el fotógrafo no termine de creerme e insista en el Guadalquivir. A un lado, Alcoutim; al otro Sanlúcar del Guadiana, donde es una hora más tarde. Estamos atrapados en mitad de un huso horario y el barco se ha quedado sin gasolina. Miro a los pueblos blancos de ambos lados por si de alguno de ellos saliera un grito de gol. Silencio. Empate a cero, sobremesa con calor. A ambas orillas se distinguen, de vez en cuando, unas hermosas casas blancas, con sus propios embarcaderos, compradas por los ingleses cuando no costaban nada, me explica el barquero Rafa, seguidor del Recreativo de Huelva, con una mezcla de envidia y admiración por la capacidad previsora de los europeos del norte.
Imprimir
El comienzo del partido entre Portugal y Costa de Marfil nos sorprende en algún punto intermedio entre España y Portugal. Navegamos por el Guadiana, aunque F, el fotógrafo no termine de creerme e insista en el Guadalquivir. A un lado, Alcoutim; al otro Sanlúcar del Guadiana, donde es una hora más tarde. Estamos atrapados en mitad de un huso horario y el barco se ha quedado sin gasolina. Miro a los pueblos blancos de ambos lados por si de alguno de ellos saliera un grito de gol. Silencio. Empate a cero, sobremesa con calor. A ambas orillas se distinguen, de vez en cuando, unas hermosas casas blancas, con sus propios embarcaderos, compradas por los ingleses cuando no costaban nada, me explica el barquero Rafa, seguidor del Recreativo de Huelva, con una mezcla de envidia y admiración por la capacidad previsora de los europeos del norte.
Luego la conversación gira en torno al tema estrella de la frontera: las historias de los contrabandistas, de la nostalgia del café y el tabaco, antes de que la entrada de ambos países en la Unión Europea hiciera inútil el tráfico de mercancías. Ahora es mejor con Marruecos. Mejor mercancía y no hay peligro de que entren en la Unión Europea. Seguimos el curso del río en dirección norte y llegamos al Puerto de la Laja; desde lejos parece un fuerte abandonado, pero se trata de los restos de un puerto en donde los trenes procedentes de las minas de Tarsis descargaban los minerales (perita y cobre) a los barcos de Sevilla. Ahora no hay calado suficiente para ese tipo de barcos, se resigna Rafa. Ni grandes barcos, ni contrabandistas.
A veces es difícil comprender las historias que cuentan los guías. Por idioma y por cansancio, o porque a mi me cuesta mucho sintonizar historias ajenas y cuando quiero prestar atención ya es demasiado tarde y no comprendo nada, y me da vergüenza pedir que empiecen de nuevo desde el principio. Conduce la guía, una portuguesa frágil, rubia, de asombrosos ojos azules y misteriosamente anodina. Lo más parecido a la euforia, a esa complicidad que a veces se establece entre extraños fuera de lugar, más aun cuando comparten diez horas seguidas de viaje, se produce después de adelantar a un coche en línea continua ante la mirada melancólica de un guardia de tráfico. Por alguna razón, el descubrimiento del agente nos provocó un ataque de risa a los tres, pero luego desapareció sin dejar rastro, como si alguien hubiese cerrado la ventana. La lánguida guía portuguesa me explicó algo de una amiga bióloga a la que encargaron realizar un estudio sobre los anfibios atropellados en las carreteras del Algarve. Y ella le acompañó una noche, conduciendo despacio a orillas del Guadiana en busca de anfibios muertos, y la imagen me pareció un buen comienzo para el día en el que los hermanos Cohen se decidan a rodar una musical en Portugal. La escena, con retoques, sería igualmente útil para un fantasía esquizofrénica de David Lynch. Dos chicas contando anfibios muertos de noche por las carreteras de Portugal. La banda sonora podría ser Maria Albertina, de Antonio Variaçoes, versionado por Humanos, a quienes escuchamos en el coche mientras atravesamos pueblos que se llaman Laranjeiras y Guerreiros, leemos carteles que anuncian Academia do Intelecto y comemos pegajosos bizcochos de canela. Portugal O- Costa de Marfil.
En las horas previas al España-Suiza paseo por Tavira, un pueblo al que una revista de viajes no dudaría en definir como la Praga del Algarve y escucho a una cubana muy delgada gritándole a su teléfono movil, junto a una iglesia blanca: no le hagas caso, cuando toma le llevan los dominios. La nueva guía, hiperexcitada y gritona, levemente rechoncha, dice que una vez acompañó a un ministro de finanzas ruso que terminó comprando todas las bragas y vajillas de Portugal. Luego me recomienda encarecidamente ir a visitar las im-pre-sio-nan-tes (pronunciado así, en mayúsculas y con largos intervalos exclamativos entre sílabas) pirámides de Egipto realizadas con arena de playa en un parque situado en las montañas. Puestos a delirar, no me extrañaría ver aparecer un golem con espinas modelado a base de brandada, a Graham Greene acodado en el mirador del hotel ...no recuerdo el nombre del hotel, yo mismo resbalando por las escaleras del castillo, un terremoto.
En las horas previas al España-Suiza paseo por Tavira, un pueblo al que una revista de viajes no dudaría en definir como la Praga del Algarve y escucho a una cubana muy delgada gritándole a su teléfono movil, junto a una iglesia blanca: no le hagas caso, cuando toma le llevan los dominios. La nueva guía, hiperexcitada y gritona, levemente rechoncha, dice que una vez acompañó a un ministro de finanzas ruso que terminó comprando todas las bragas y vajillas de Portugal. Luego me recomienda encarecidamente ir a visitar las im-pre-sio-nan-tes (pronunciado así, en mayúsculas y con largos intervalos exclamativos entre sílabas) pirámides de Egipto realizadas con arena de playa en un parque situado en las montañas. Puestos a delirar, no me extrañaría ver aparecer un golem con espinas modelado a base de brandada, a Graham Greene acodado en el mirador del hotel ...no recuerdo el nombre del hotel, yo mismo resbalando por las escaleras del castillo, un terremoto.
En la isla de Culatra, en pleno Parque Natural del Ria Formosa, está prohibido construir hoteles. Solo pueden vivir en ella quienes posean una licencia de pesca. Las casas, construidas sobre la arena, son solo de un piso. Aunque imiten la tipología de las antiguas casas de pescadores, lo cierto es que abundan las fachadas con ese alicatado barato y estridente, tan ibérico, que se extiende desde el puerto de Sagunto hasta las vivienda neorurales de los ganaderos postmodernos de Cantabria y Asturias. El pueblo isla, la república de pescadores, está lleno de bares y en todos ellos se retransmite el Brasil – Corea del Norte. Los hombre beben cerveza, las abuelas charlan alrededor de mesas de plástico en sus terrazas y los niños pescan y se bañan a la entrada del puerto. Hay viveros de almejas y ostras francesas para exportar y ostras portuguesas para los portugueses. La guía me señala pájaros en el aire. Posteriormente, por una serie de extrañas casualidades acabaremos en un banco de arena en mitad de la ría (como Maldivas, en optimista apreciación de F), haciendo fotos a un grupo de chicas con vestidos blancos y diademas hippies que se mueven en coreografía de anuncio de compresas, corriendo descalzas hacia una manada de pájaros, bebiendo champan al atardecer, girando como peonzas con las manos entrelazadas.
Las relaciones públicas del hotel ha quedado a cenar con nosotros en el bar playero de ambiguo estilo ibicenco, con la molestia añadida de que el altavoz junto a mi silla taladra música chill out en mi oído. Imposible escuchar el mar. Uno nunca sabe cómo ha llegado a una de estas cenas de compromiso que no apetecen a nadie. La relaciones públicaS se ve obligada a invitarte a cenar y tú te ves obligado a aceptar, aunque lo más civilizado hubiera sido no preguntar o responder, no gracias, estamos muy liados. Sin embargo, la cena es relativamente satisfactoria.
La relaciones públicas, admiradora de Telva y de la figura femenina liberada que proyecta Telva (sic), responde a mi protocolaria pregunta de si conoce Madrid con un emocionado recuerdo a “un lugar muy espiritual con un gruta”. Tiemblo. ¿El Valle de los caídos? Si, el valle de los caídos. Le explico algunas detalles del making of del templo. Luego dice que en una ocasión, un taxista sevillano les confundió a ella y a una amiga, con turistas rusas. Buen golpe. Risas. Pero a ella no le extraña tanto porque, añade, “es verdad que el portugués hablado rápido se parece al ruso”.
La relaciones públicas, que es alta como una modelo rusa, interrumpe la cena misteriosamente y acude al hotel. A su regreso nos explica que ha tenido que hacer frente a un motín de golfistas ingleses borrachos atrincherados en el hall. El altavoz sigue emitiendo música chill out con mensaje, de hecho ahora se escucha una voz alucinada que recita unos versos enunciativos del tipo “la vida es espiritualidad, alegría y sufrimiento”. Un camarero rebozando lorzas en una camiseta ajustadísima se interesa por el estado del bacalao. Muy salado, le decepciona F.
Paseo solitario por la marina del pueblo, lleno de restaurantes, pubs ingleses y tiendas de Cristiano Ronaldo, antes de regresar al hotel, desplomarme en la cama de las Cien Almohada Gordas y Mulliditas, encender la tele, escuchar en la TV gallega a una mujer explicando la fraternidad celta y atlántica entre Bretaña y Galicia, repasar el rebote infinito del balón jabulani entre culos y cejas rotas en el gol de Suiza a España, y emular a Baudelaire en versión oficinista de viaje de trabajo con una misteriosa anotación en mi cuaderno verde: “un oasis de aburrimiento en un desierto de rutina”. Otra anotación: un adolescente de Olhao, aprendiz de escritor, impresionado por el realismo sucísimo de Trilogía de la Habana, de Pedro Juan Guitérrez, decide abrirse un blog en el que narra sus experiencias sexuales con las turistas inglesas más tristes, obscenas y feas que caza en los karaokes de la marina de Vilamoura.
Almejas con mucho ajo en una playa de la costa Vicentina. Hace frío fuera, sopla el viento, marca México contra Francia y todo el bar lo celebra: la familia alemana de la mesa de al lado, la camarera portuguesa, los periodistas españoles. Suena Abba en el coche de regreso a Aljezur, donde nos espera una pensión de cortinas rosas, lámparas de imitación de Lladró, orinal en el armario, vistas al océano. En el bar de abajo, Don Antonio me sirve cervezas, me habla de Mourinho y me pregunta con naturalidad si se pueden comprar las recomendaciones de los hoteles en mi revista. Le miento y le digo que no.
Al día siguiente ceno con varias estrellas michelin rodeado de mi fotógrafo, el responsable de turismo, el relaciones públicas del hotel, que parece el guardaespaldas ucraniano de un mafioso ruso y que se dirige a nosotros como un broker paranóico susurrando crashes, y un holandés de 75 años sin lengua y con el labio superior hinchado, quien todavía sigue soñando con sus pipas y sus cigarros. La cena transcurre con normalidad. El responsable de turismo inicia una previsible disgresión sobre vinos. Se va calentando hasta que termina recitando una ampulosa declaración de odio a los vinos franceses. Grita, amenaza, ensaya asombrosas y escatológicas metáforas, en un tono de fingida indignación les llama estafadores, ignorantes, ladrones y celebra el nacimiento de una nueva Era de los Vinos, en donde nadie beberá vino francés y Portugal será campeón del mundo y los holandeses sin lengua podrán volver a fumar en pipa. En la pantalla, Inglaterra no pasa del empate a cero ante Argelia.
Imprimir
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




