viernes, 25 de junio de 2010

los portugueses hablan como los rusos

Donde el autor abandona las traineras y aprovechando los desechos del reportaje que está escribiendo para la revista que le da de comer, ensaya una crónica cara B de su último viaje al Algarve portugués, centrándose en los tiempos muertos, las frases oídas al azar y de fondo, el glorioso mundial.

El comienzo del partido entre Portugal y Costa de Marfil nos sorprende en algún punto intermedio entre España y Portugal. Navegamos por el Guadiana, aunque F, el fotógrafo no termine de creerme e insista en el Guadalquivir. A un lado, Alcoutim; al otro Sanlúcar del Guadiana, donde es una hora más tarde. Estamos atrapados en mitad de un huso horario y el barco se ha quedado sin gasolina. Miro a los pueblos blancos de ambos lados por si de alguno de ellos saliera un grito de gol. Silencio. Empate a cero, sobremesa con calor. A ambas orillas se distinguen, de vez en cuando, unas hermosas casas blancas, con sus propios embarcaderos, compradas por los ingleses cuando no costaban nada, me explica el barquero Rafa, seguidor del Recreativo de Huelva, con una mezcla de envidia y admiración por la capacidad previsora de los europeos del norte.

Luego la conversación gira en torno al tema estrella de la frontera: las historias de los contrabandistas, de la nostalgia del café y el tabaco, antes de que la entrada de ambos países en la Unión Europea hiciera inútil el tráfico de mercancías. Ahora es mejor con Marruecos. Mejor mercancía y no hay peligro de que entren en la Unión Europea. Seguimos el curso del río en dirección norte y llegamos al Puerto de la Laja; desde lejos parece un fuerte abandonado, pero se trata de los restos de un puerto en donde los trenes procedentes de las minas de Tarsis descargaban los minerales (perita y cobre) a los barcos de Sevilla. Ahora no hay calado suficiente para ese tipo de barcos, se resigna Rafa. Ni grandes barcos, ni contrabandistas.

A veces es difícil comprender las historias que cuentan los guías. Por idioma y por cansancio, o porque a mi me cuesta mucho sintonizar historias ajenas y cuando quiero prestar atención ya es demasiado tarde y no comprendo nada, y me da vergüenza pedir que empiecen de nuevo desde el principio. Conduce la guía, una portuguesa frágil, rubia, de asombrosos ojos azules y misteriosamente anodina. Lo más parecido a la euforia, a esa complicidad que a veces se establece entre extraños fuera de lugar, más aun cuando comparten diez horas seguidas de viaje, se produce después de adelantar a un coche en línea continua ante la mirada melancólica de un guardia de tráfico. Por alguna razón, el descubrimiento del agente nos provocó un ataque de risa a los tres, pero luego desapareció sin dejar rastro, como si alguien hubiese cerrado la ventana. La lánguida guía portuguesa me explicó algo de una amiga bióloga a la que encargaron realizar un estudio sobre los anfibios atropellados en las carreteras del Algarve. Y ella le acompañó una noche, conduciendo despacio a orillas del Guadiana en busca de anfibios muertos, y la imagen me pareció un buen comienzo para el día en el que los hermanos Cohen se decidan a rodar una musical en Portugal. La escena, con retoques, sería igualmente útil para un fantasía esquizofrénica de David Lynch. Dos chicas contando anfibios muertos de noche por las carreteras de Portugal. La banda sonora podría ser Maria Albertina, de Antonio Variaçoes, versionado por Humanos, a quienes escuchamos en el coche mientras atravesamos pueblos que se llaman Laranjeiras y Guerreiros, leemos carteles que anuncian Academia do Intelecto y comemos pegajosos bizcochos de canela. Portugal O- Costa de Marfil.



 En las horas previas al España-Suiza paseo por Tavira, un pueblo al que una revista de viajes no dudaría en definir como la Praga del Algarve y escucho a una cubana muy delgada gritándole a su teléfono movil, junto a una iglesia blanca: no le hagas caso, cuando toma le llevan los dominios. La nueva guía, hiperexcitada y gritona, levemente rechoncha, dice que una vez acompañó a un ministro de finanzas ruso que terminó comprando todas las bragas y vajillas de Portugal. Luego me recomienda encarecidamente ir a visitar las im-pre-sio-nan-tes (pronunciado así, en mayúsculas y con largos intervalos exclamativos entre sílabas) pirámides de Egipto realizadas con arena de playa en un parque situado en las montañas. Puestos a delirar, no me extrañaría ver aparecer un golem con espinas modelado a base de brandada, a Graham Greene acodado en el mirador del hotel ...no recuerdo el nombre del hotel, yo mismo resbalando por las escaleras del castillo, un terremoto.

En la isla de Culatra, en pleno Parque Natural del Ria Formosa, está prohibido construir hoteles. Solo pueden vivir en ella quienes posean una licencia de pesca. Las casas, construidas sobre la arena, son solo de un piso. Aunque imiten la tipología de las antiguas casas de pescadores, lo cierto es que abundan las fachadas con ese alicatado barato y estridente, tan ibérico, que se extiende desde el puerto de Sagunto hasta las vivienda neorurales de los ganaderos postmodernos de Cantabria y Asturias. El pueblo isla, la república de pescadores, está lleno de bares y en todos ellos se retransmite el Brasil – Corea del Norte. Los hombre beben cerveza, las abuelas charlan alrededor de mesas de plástico en sus terrazas y los niños pescan y se bañan a la entrada del puerto. Hay viveros de almejas y ostras francesas para exportar y ostras portuguesas para los portugueses. La guía me señala pájaros en el aire. Posteriormente, por una serie de extrañas casualidades acabaremos en un banco de arena en mitad de la ría (como Maldivas, en optimista apreciación de F), haciendo fotos a un grupo de chicas con vestidos blancos y diademas hippies que se mueven en coreografía de anuncio de compresas, corriendo descalzas hacia una manada de pájaros, bebiendo champan al atardecer, girando como peonzas con las manos entrelazadas.

Las relaciones públicas del hotel ha quedado a cenar con nosotros en el bar playero de ambiguo estilo ibicenco, con la molestia añadida de que el altavoz junto a mi silla taladra música chill out en mi oído. Imposible escuchar el mar. Uno nunca sabe cómo ha llegado a una de estas cenas de compromiso que no apetecen a nadie. La relaciones públicaS se ve obligada a invitarte a cenar y tú te ves obligado a aceptar, aunque lo más civilizado hubiera sido no preguntar o responder, no gracias, estamos muy liados. Sin embargo, la cena es relativamente satisfactoria.

La relaciones públicas, admiradora de Telva y de la figura femenina liberada que proyecta Telva (sic), responde a mi protocolaria pregunta de si conoce Madrid con un emocionado recuerdo a “un lugar muy espiritual con un gruta”. Tiemblo. ¿El Valle de los caídos? Si, el valle de los caídos. Le explico algunas detalles del making of del templo. Luego dice que en una ocasión, un taxista sevillano les confundió a ella y a una amiga, con turistas rusas. Buen golpe. Risas. Pero a ella no le extraña tanto porque, añade, “es verdad que el portugués hablado rápido se parece al ruso”.

La relaciones públicas, que es alta como una modelo rusa, interrumpe la cena misteriosamente y acude al hotel. A su regreso nos explica que ha tenido que hacer frente a un motín de golfistas ingleses borrachos atrincherados en el hall. El altavoz sigue emitiendo música chill out con mensaje, de hecho ahora se escucha una voz alucinada que recita unos versos enunciativos del tipo “la vida es espiritualidad, alegría y sufrimiento”. Un camarero rebozando lorzas en una camiseta ajustadísima se interesa por el estado del bacalao. Muy salado, le decepciona F.

Paseo solitario por la marina del pueblo, lleno de restaurantes, pubs ingleses y tiendas de Cristiano Ronaldo, antes de regresar al hotel, desplomarme en la cama de las Cien Almohada Gordas y Mulliditas, encender la tele, escuchar en la TV gallega a una mujer explicando la fraternidad celta y atlántica entre Bretaña y Galicia, repasar el rebote infinito del balón jabulani entre culos y cejas rotas en el gol de Suiza a España, y emular a Baudelaire en versión oficinista de viaje de trabajo con una misteriosa anotación en mi cuaderno verde: “un oasis de aburrimiento en un desierto de rutina”. Otra anotación: un adolescente de Olhao, aprendiz de escritor, impresionado por el realismo sucísimo de Trilogía de la Habana, de Pedro Juan Guitérrez, decide abrirse un blog en el que narra sus experiencias sexuales con las turistas inglesas más tristes, obscenas y feas que caza en los karaokes de la marina de Vilamoura.

Almejas con mucho ajo en una playa de la costa Vicentina. Hace frío fuera, sopla el viento, marca México contra Francia y todo el bar lo celebra: la familia alemana de la mesa de al lado, la camarera portuguesa, los periodistas españoles. Suena Abba en el coche de regreso a Aljezur, donde nos espera una pensión de cortinas rosas, lámparas de imitación de Lladró, orinal en el armario, vistas al océano. En el bar de abajo, Don Antonio me sirve cervezas, me habla de Mourinho y me pregunta con naturalidad si se pueden comprar las recomendaciones de los hoteles en mi revista. Le miento y le digo que no.

Al día siguiente ceno con varias estrellas michelin rodeado de mi fotógrafo, el responsable de turismo, el relaciones públicas del hotel, que parece el guardaespaldas ucraniano de un mafioso ruso y que se dirige a nosotros como un broker paranóico susurrando crashes, y un holandés de 75 años sin lengua y con el labio superior hinchado, quien todavía sigue soñando con sus pipas y sus cigarros. La cena transcurre con normalidad. El responsable de turismo inicia una previsible disgresión sobre vinos. Se va calentando hasta que termina recitando una ampulosa declaración de odio a los vinos franceses. Grita, amenaza, ensaya asombrosas y escatológicas metáforas, en un tono de fingida indignación les llama estafadores, ignorantes, ladrones y celebra el nacimiento de una nueva Era de los Vinos, en donde nadie beberá vino francés y Portugal será campeón del mundo y los holandeses sin lengua podrán volver a fumar en pipa. En la pantalla, Inglaterra no pasa del empate a cero ante Argelia.


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sábado, 12 de junio de 2010

Making of - Bandera sotileza

"¡ Jesús y adentro!, cuadro de Fernando Pérez de Camino (1859-1901) , pintor cántabro costumbrista, del círculo de Pereda. ¡Jesús y adentro! era la frase-plegaria que acompasaba los remos de los pescadores santanderinos en el instante mismo de pasar “la barra”con temporal, para abocar al Puerto". Leído en artículo de Carmen Gozalo de Andrés.


Donde el autor fabrica un resumen low fi de la bandera Sotileza, cada vez más devaluada, gracias a los cambios de reglamento, cambio de fechas y ausencias de última hora de algunas de las traineras favoritas, como Astillero y Castro. Menos mal que siempre nos quedará Pedreña, la isla de Mouro y los remeros portando traineras al hombro como costaleros de Semana Santa.


Lo cierto es que, fuera de cuatro pueblos costeros, ya casi nadie sigue las traineras en Cantabria, si no es para criticar a los vascos, que lo mismo "nos roban el Ave que la bandera de la concha o te ponen una bomba", reza el zeitgeist de inferioridad local.

Lo cierto es que mis amigos me miran raro cuando les cuento que he venido desde Madrid solo para ver una regata que ellos ni siquiera sabían que se celebraba.

Lo cierto es que la organización es demasiado amateur incluso para una deporte tradicional. Atentos a ese hombre de coronilla blanca, que dirige la orquesta con un móvil y un megáfono, atentos a esa cuenta atrás coral, a esas intrucciones, pedro, pedro, dile al patrón que todos por detrás de los jueces, y otras frases que no se oyen en el vídeo como:"cruz roja, detenga a ese barco" o "Camargo, vuelve". A bordo del barco de prensa fletado por la federación de remo cántabra, cuyo presidente es el hombre del megafono y las frases contundentes, navegan un puñado de invitados y fotógrafos y el presidente del parlamento regional. A bordo del barco, una pedreñera roja como las que cruzan la bahía, apenas se habla de traineras, sino más bien de piratas somalíes, exactamente de cómo es posible que un puñado de piratas somalíes aborden un pedazo barco como ese (y señalamos un carguero flotando en el Sardinero) desde un barco pequeñito como éste (y nos señalamos a nosotros mismos).

Aun desde un barco de prensa es difícil ver una regata de traineras, pero eso es tema para otro post. El recorrido de la regata es desde Cabo Menor hasta la Grúa de piedra. Toma el nombre de la novela costumbrista de José María Pereda, Sotileza, en uno de cuyos pasajes más famosos una trainera de pescadores regresa milagrosamente a puerto huyendo de una galerna. En este pasaje, el viraje de la punta de la Cerda, en la península de la Magdalena, es el símbolo de la salvación. En la regata del mismo nombre es el punto en el que suelen producirse abordajes entre traineras, que buscan el mismo ángulo al mismo tiempo, con el consiguiente choque de remos. El espectador disfruta, los jueces de mar se vuelven locos descalificando a las traineras sin saber muy bien quién atacó a quién, los aficionados de las traineras descalificadas se indignan e insultan a los rivales y, en ocasiones, los remeros de las traineras descalificadas, más expeditivos que sus seguidores, suben a la tribuna de autoridades, hacen un calvo al respetable, roban la bandera y se fugan a su pueblo. En esas ocasiones interviene la Guardia Civil que, días después, asalta la sede de la trainera y recupera la bandera. Todo esto está documentado y ha ocurrido en los últimos años.

Sin embargo esta edición es triste. La diferencia entre Pedreña y los demás rivales es tan grande que es imposible que se produzcan abordajes en la punta de la Cerda. No hay tensión. Nadie mira cronómetros comparando tiempos entre tandas. Faltan seguidores rojos y azules en el muelle de la Bahía. El mar está demasiado tranquilo. Hay un viejo que no para de hablar y de agarrarme por el hombro y aquí fuera en el mar, pega frío. Pero no importa, estoy en una pedreñera roja siguiendo a la trainera de pedreña negra y a la derecha el sardinero, a mi espalda cabo menor, de frente la península de la Magdalena y la isla de Mouro y más adelante el Puntal, Peña Cabarga y otros universos. Pedreña celebra tímida la victoria, ondeando la bandera. Por el muelle pasean viejos con pantalones vaqueros, camisas de cuadros por dentro, portando pequeños paraguas como si fueran bastos. Una familia de turistas rubios mira a los remeros sin comprender nada. Mira sin pasión, ni indiferencia ni fastidio. Solo mira. Los remeros de Camargo se echan la trainera al hombro y caminan en silencio. Al darle la vuelta, de la trainera cae una botella de agua de Solares que rueda hacia la bahía. Suena la megafonía: "delegado de Colindres, por favor, acuda a tribuna".

p.d: con cierto ánimo pedagógico expliqué hace tiempo algunas cosas sobre el mundo de las traineras. Puedes leerlo aquí


miércoles, 2 de junio de 2010

Rimbaud, cadáver exquisito



Donde el autor crea un cadáver exquisito con las frases subrayadas a lápiz en el libro Cartas abisinias, escritas por el poeta Rimbaud entre 1880 y 1891, mientras intentaba hacer fortuna con diversas empresas comerciales a lo largo del Mar Rojo y Etiopía. Es un libro asombroso, recientemente editado por Ediciones del Viento, que reúne las cartas enviadas por el poeta a su familia y socios comerciales. Son cartas a ratos anodinas y convencionales, llenas de formulismos, plagadas de referencias a indemnizaciones y matrimonios, trámites burocráticos y disputas comerciales; cartas llenas de números que registran inversiones, cargamentos y temperaturas insoportables; cartas llenas de proyectos poco realistas y sueños de una vida burguesa en Francia. Gravemente enfermo, el poeta regresará a Francia, donde se le amputará la pierna infectda y donde morirá, a los 37 años, a las 10 de la mañana el 10 de novimebre de 1891. Lo que sigue a continuación es una deconstrucción de sus diarios utilizando solo frases textuales del libro que fui subrayando y convirtiendo luego en versos. He intentado respetar el orden cronológico, es decir, el orden de aparición de estos fragmentos a lo largo del libro, con la intención de transmitir la evolución de los negocios, cuitas, anhelos y miedos de Rimbaud.

Le ruego me envíe, lo antes posible, las siguientes obras que figuran en su catálogo
 
Tratado de metalurgia
Hidráulica urbana y agrícola
Comandante de navíos de vapor
Arquitectura naval
Polvos y pólvora
Minerealogía
Albañilería
Libro de bolsillo de carpintero


¿Existe un arma especial para cazar elefantes?
¿Su descripción?
¿Sus recomendaciones?
¿Dónde se puede encontrar?
¿Su precio?

[El cazador de elefantes que nos enviaron de Adén caracolea indefinidamente por las gragantas del Darimont

y provocaba
sospechosas sesiones geodésicas
retorciendo sextantes
a lo largo de toda la ruta]

Que desoladora existencia
arrastro bajos estos
climas absurdos
en condiciones tan insensatas

siento que me estoy volviendo
muy viejo
y muy deprisa

oficios idiotas
compañías de salvajes
o imbéciles

países horribles
negocios deplorables

[Tengo una excelente reputación
que me permitirá ganarme la vida
convenientemente]

para casarse hacen falta rentas
y esas rentas
yo no las tengo

compro cantidad de otras cosas
gomas
inciensos
plumas de avestruz
marfiles
pieles
clavo
etc

Quizás nos bombardeen proximamente

adén es el cráter
de un volcán apagado
con el fondo lleno
de arena del mar

abisinia es delicioso
no hace ni frío
ni calor
abisinia es la suiza africana
sin inviernos
y sin verano

Me llegan miles de fusiles de Europa
voy a formar una caravana
y a llevar esta mercancía
a Ménélik,
rey de Choa

[no vayan a pensar que me he convertido en tratante de esclavos
las mercancías que importamos son fusiles]

60.000 cartuchos Remington
a 60 dólares el millar
3.600 dólares

contratiempos increíbles
paciencia infinita

cansancio inimaginable
privaciones abominables

no puedo volver a Europa
tengo mucho miedo del frío

[querríamos crear una raza superior de asnos
¿dónde se invierten los fondos para una renta vitalicia?
¿cuál sería su interés?
¿podrían darme el nombre de los mejores fabricantes de telas de Sudán?]

el señor cónsul de Francia
puede informarle
de mi honorabilidad
y de mi conducta
en general

oro
nuez moscada
marfil
café
etc

y las varices
se han complicado
con un reumatismo

Mi querida mamá:
hazme un favor
cómprame tú
unas medias para las varices
para una pierna
larga
y delgada
el número de pie
es 41
creo
que no son caras
además
te las reembolsaré

desde que le enseñé mi rodilla
el doctor inglés chilló
enseguida habló
de cortar la pierna
soy un verdadero esqueleto
doy miedo

Las medias ya no sirven para nada
en algún sitio las revenderé

Le saludo de todo corazón

Señor Arthur Rimabud
Hotel del Universo,
Adén



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domingo, 30 de mayo de 2010

Instrucciones para conquistar Alcalá del Júcar



Donde el autor intercepta un extraño documento

Los lugareños viven en cuevas con vistas a un río. La fortaleza es fácil de atacar. Hay dos guardianes, ya ancianos, que se turnan en la garita de entrada. Fuman y miran documentales de naturaleza en la televisión. El mayor problema son los espejos, desperdigados por el gran salón comedor. Hay que tener cuidado con los reflejos, podrían delatarnos (adjunto imagen).

Las temperaturas son altas y las pendientes, pronunciadas, pero dentro de las cuevas se puede vivir con mucha frescura durante todo el año, aun en los meses más calurosos. Hay comida abundante, sobre todo conejos que sirven en un denso guiso de cuchara (adjunto imagen). Hay una gran cúpula vigilada por un monstruo de hierro. Hay una densa franja de árboles junto al río, donde se pueden esconder los morteros. Una vez dentro, avancen por el pasillo angosto hasta llegar a la mesa situada junto a una ventana ovalada. Aparten la frasca de vino, la botella de casera, las migas de pan y la aceitera. Después retiren el mantel de cuadros azules y blancos. No se dejen vencer por la nostalgia. Sigan las instrucciones grabadas con un punzón sobre la mesa de madera. Y apaguen la luz.

sábado, 29 de mayo de 2010

Pero tenían razón

Donde el autor recomienda un libro. No es algo que haya hecho muy a menudo en este blog, porque nunca quiso convertir la enzyklopedien en una guía de lectura. Pero en esta ocasión se pondrá un tanto dramático, ampuloso a la manera de un catedrático de historia dando una conferencia en la universidad Humboldt de Berlín, y escribirá una reseña sobre un libro. Se llama Humo Humano y lo ha escrito Nicholson Baker. Me sorprendió su demolición sistemática de la figura de Churchill y me gusta saber que es un libro que disgustaría profundamente a Aznar.

En apariencia es solo otro libro más sobre la segunda guerra mundial. Recrea, con una estructura poliédrica y narración cronológica, los antecedentes y el comienzo del conflicto. El libro termina en la nochevieja de 1941, cuando aún no se han producido las mayores catástrofes. Estados Unidos acaba de entrar en la guerra, Alemania ya ha invadido Rusia, los bombardeos civiles ya se han cobrado centenares de miles de muertos, en el frente oriental las SS ya han comenzado a ensayar con éxito un holocausto a pequeña escala y los rusos arrojan postales navideñas a los soldados alemanes con el dibujo de un cementerio y la irónica inscripción "espacio vital del este". Cuando el lector termina el libro, sabe que lo peor está aún por llegar. Por eso no hace falta narrarlo, porque lo más importante es explicar cómo hemos llegado hasta aquí.

Mediante una sucesión ininterrumpida de pequeños párrafos, el autor da voz a escritores como el rumano Mihail Sebastian, el austriaco Stefan Zweig, el inglés Christopher Isherwood, el polaco Czerniakow (el intendente del gueto de Varsovia, a cuyas órdenes trabajó el joven Reich Reiniki); muestra ejemplos de propaganda aliada, propaganda del eje, cita discursos y diarios de Roosevelt y Churchill, así como comentarios de sus más estrechos colabadores; rescata los apasionados memorandums de la élite científica mundial desarrollando ingeniosos sistemas de destrucción masiva (muchos de los cuales fueron planificados mucho antes de que empezara la guerra, mucho antes de que el conflicto fuera 'inevitable').

Uno de los hilos conductores del libro es el sistemático derribo de la figura heroíca de Churchill, a quien retrata como un estratega incompetente (campañas de Noruega, Grecia, Yugoslavia), un político excitado por la sangre, un mesías pedante emocionado con el devenir de la guerra, obsesionado (desde el primer suspiro de la guerra, y no solo al final) con bombardear indiscriminadamente ciudades alemanes (una técnica que ya había probado antes, en época de paz, fumigando armas químicas contra las "tribus incivilizadas" del Yemen). Unos bombardeos estratégicamente inútiles, no destinados a golpear la infraestructura industrial alemana, sino simplemente a "matar hunos" civiles. De la misma manera que se citan los encendidos elogios de Churchill hacia Mussolini y sus escritos contra el "judío Trotsky", el libro destapa el antisemitismo de Roosevelt, quien en 1922, ejerciendo de abogado en Nueva York, recomienda establecer un cupo máximo de judíos en Harvard.

La intensidad de la destrucción desatada sobre suelo alemán (del que hablan, con un registro completamente distinto, Sebald en Sobre la historia natural de la destrucción, y Kurt Vonnegut en Matadero 5), no es fruto de la espiral incontrolable de la guerra, sino una obsesión personal de Churchill que lejos de ayudar a finalizar el conflicto, no hace sino recrudecerlo. En ningún momento se trata de justificar el nazismo, cuyo delirio y máxima responsabilidad en el inicio de la guerra queda nítidamente retratado en el libro, sino denunciar la pulsión destructora que habitaba en los gobiernos democráticos mucho antes del comienzo del conflicto. Una pulsión bélica que guió durante años todos los movimientos estratégicos de Estados Unidos en el Pacífico, en busca del casus belli que justificase la declaración de guerra contra Japón. Mucho antes de Pearl Harbour y la bomba atómica, los informes militares de Estados Unidos se regocijaban con lo fácil que resultaría arrasar Tokyo con bombas incendiarias.

Baker rescata los argumentos de los pacifistas que en Estados Unidos y Reino Unido se opusieron a la guerra, todos esos "cobardes pusilánimes" que nos enseñaron en la escuela y en las columnas probélicas que se han escrito en todos los medios de comunicación de izquierda y de derechas para justificar todas las agresiones, desde Serbia a Afganistán e Irak.

¿Qué más puedo decir? que he dejado el libro lleno de subrayados, equis y vértices doblados (si ya superé mi trastorno obsesivo compulsivo que me obligaba a estirar los flecos de las alfombras de mi casa). Que espero publicar algunos de los libros que aparecen en la voluminosa bibliografía final. Que es un libro que se puede leer andando y en la sala de espera del hospital.

p.d: Leído en Letras Libres: "Reich-Ranicki y su esposa Tosia se libraron del exterminio gracias a Bolek, un tipógrafo borracho y golpeador de mujeres, según leemos en Mi vida. Ese hombre ocultó a la aterrada pareja judía y, tras deshojar la margarita entre denunciarlos o no hacerlo, tomó una decisión. Cierto día —no hacía todavía mucho que estábamos en su casa—, nos miró muy ufano, hablando despacio y no sin cierta solemnidad: Adolf Hitler, el hombre más poderoso de Europa, ha decidido: "Estas dos personas deben morir." Y yo, un pequeño cajista de Varsovia, he resuelto que han de vivir. Veremos quién gana"

p.d2: Dedicatoria final de Humo humano: "Dedico este libro a la memoria de Clarence Pickett y otros pacifistas estadounidenses y británicos. Jamás han recibido realmente el reconocimiento que se merecen. Intentaron salvar refugiados judíos, alimentar a Europa, reconciliar a Estados Unidos y Japón e impedir que estallara la guerra. Fracasaron, pero tenían razón".

martes, 25 de mayo de 2010

Holy smoke

Holy smoke

Donde el autor se defiende 

para lamarde, la ex fumadora más elegante de la web, supongo.

Yo no fui, lo prometo, quien le puso el cigarro entre los dedos. Yo caminaba por la catedral de Lille después de que A.encendiese una vela (A. siempre enciende velas en las iglesias; creo que es el único rito de la liturgia católica que comprendo y que me emociona). Acordarse de los muertos. Ni siquiera me di cuenta de que era San Pedro. Las llaves, me explicaron luego, las llaves. Conocí en Italia a un comunista aragonés que se quedó pálido ante mi ignorancia religiosa; pero, pero, tartamudeó, eso es incultura). No digo que no. De hecho, he consultado la Wikipedia antes de escribir este pie de foto. Lo explica bastante bien, sobre todo lo de las llaves del Reino de los Cielos. Con fuentes, citando a Mateo. Bueno, exagero, solo leí el primer párrafo y luego bajé corriendo por iconografía, etimología y demás. Deformación profesional. O generacional. Leo la entrada de San Pedro en la wikipedia como si buscase el precio de un hotel o el teléfono de una compañía aérea. Rápido y sin fijarme en los detalles. Fin del pie de foto.


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domingo, 23 de mayo de 2010

¿hay un estadio de fútbol por aquí?



Donde el autor pasea por los aledaños del estadio Santiago Bernabéu antes de la final de Champions entre Inter y Bayern. Camina solo, con cámara y libreta, y durante un rato juega a ser periodista. El objetivo era escribir una crónica para el blog de fútbol Odio Eterno, una de las galaxias paralelas del autor, a la cual podrás acceder pinchando aquí.




Un viejo exquisitamente vestido toca la armónica rodeado de un grupo de policías nacionales. Suena el himno de España. Los alemanes se acercan y sonríen ante la estampa, dudo que reconozcan la melodía. Finaliza la canción. Aplausos. El anciano procede a interpretar el siguiente tema: el Cara al Sol, de Falange. Los policía ríen. "Ahí la has dao, ahí las dao", afirma uno de ellos. Termino de disparar, saludo al anciano y me voy.

p.d: Viendo la foto en mi ordenador, me doy cuenta de lo insólito de la situación. ¿Cómo es posible que bajo un sol madrileño a 30 grados, el anciano luzca impoluto con chaqueta, traje y corbata, sin una sola gota de sudor? Lo mismo le ocurría, cuenta la leyenda, al dictador Trujillo. La resistencia del fascismo al calor, apuntes para una tesis de historia.





Sentadas sobre la barra de un andamio llaman la atención dos figuras femeninas. No tanto por ser mujeres, sino por su tranquilidad. No beben, no fuman, no gritan, solo miran a la gente a su alrededor. Imagino que son madre e hija. Primero las fotografío de espaldas y luego de frente. Mientras afino la cámara, la hija se da cuenta de que le estoy fotografiando. Se señala con el dedo y pregunta ¿es a mi?. Si, sí, es a ti, respondo. Ella posa, yo disparo. Educadamente le doy las gracias en inglés. Debería haberle dicho algo en alemán, me arrepiento luego.





Después de un rato caigo en la cuenta de que son croatas. La mitad de la camisa luce el estampado ajedrezado de la bandera croata; la otra mitad, el escudo del Bayern. Intento hacer una foto del grupo entero, que posa con una pancarta ante la cámara de algún amigo, hasta que me fijo en ese rostro que no se si es de santo o de criminal de guerra. De inocencia o de maldad. No es un gesto robado; quiero decir, esa expresión no es resultado de una captura al azar, sino que durante todo el tiempo que le estuve observando, el grueso croata de sonrisa anestesiada no cambió ni un instante de expresión.

p.d: un chico con la camiseta del Bayern me pide fuego. Por practicar idiomas, le pregunto: Kommst du aus München? No me comprende. Repito la pregunta, bastante contrariado. Pruebo en inglés. Por fin, parece comprender y, desafiando toda lógica, me responde con un dadaista: "No, but my mother is from Czech Republic". Luego se golpea el pecho en señal de amistad y dice algo elogioso sobre Madrid. Huyo.





El hombre de la izquierda se debate entre la ligereza chic de su delgada bufanda y el espesor de la mancha de sudor en el sobaco. Se acaricia continuamente el pelo. Espera algo, espera a alguien. Así que puedo rodearle y probar una y otra vez en busca de la Postal Arquetipo del Pijo Milanés.

¿Dónde están los italianos?, le pregunto un tanto desconsolado a un policía nacional. "En la zona norte", me responde, "por este lado solo entran los del Bayern". Por estrechar lazos con mis fuentes, sigo avanzando por caminos trillados de ascensor: "¿Y qué, mucha reventa?". Para que no piense que soy obvio, ensayo gesto sagaz y añado en tono confidencial ¿qué, tenéis agentes de incógnito para pillar a los vendedores?

Al rato le toca preguntar a él: ¿Eres periodista, vas a escribir para algún medio".  "Si, soy periodista, pero esto es para mi", contesto. Me mira con afecto, como se mira a los niños que dicen que quieren ser astronautas de mayores. Tal vez perdí una buena oportunidad para hacer publicidad del blog, e incluso de ganar un lector, pero identificarme delante de un policía como miembro de algo llamado Odio eterno no me pareció muy sensato.

Nada más salir del metro Bernabéu hay una gran puerta hinchable de Master Card, que los interistas llaman la Porta di Master Card, y dicho así, con ese acento, suena a ruinas romanas. Escucho reventas ofreciendo a gritos billeto de la finale. Oigo también a vendedores argentinos, veo a un grupo mixto de pongamos, rumanos?, españoles? e italianos?, farfullando con mucho dramatismo por el precio de dos entradas. La versión pasiva y civilizada la protagoniza un alemán que sostiene un cartel bilingüe, en alemán y en inglés, con la leyenda: necesito entrada. Poco antes he visto a un aficionado dando saltos de rabia en mitad de la calle, gritándole a un policía. Al mismo policía que luego me explicará la historia. Con matices, sutilezas y un deje compasivo. "Realmente no estaba haciendo reventa el pobre, sino que se ve que a última hora falló un amigo y él quiso vender esa entrada, pero no por sacar dinero. Y al final le han pillado y se queda sin la entrada que iba a vender y sin su propia entrada. Una pena". Hubiese jurado que un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado estaba cayendo en el relativismo moral.

Un chico con la camiseta del Barça se cruza con un grupo de interistas que empiezan a corear en exquisito catalán :"Remuntada", "remuntada". Estoy a punto de unirme al coro, pero como estoy de servicio, no puedo tomar partido. El culé sonríe irritado y acelera el paso.

Camino, Castellana abajo, hacia el metro de Nuevos Ministerios. Trabajo terminado. De repente un alemán para al señor que camina delante mio y sin atisbo de ironía, pregunta:

¿Perdón, hay un estadio de fútbol por aquí?


Más fotos en la Enzyklofotopedia.